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sábado, 12 de junio de 2010

Si te llamas Diana Vreeland puedes...

  

-darte el lujo de nacer en París:

No podría haber otra ciudad para que ella naciera y viviera su infancia. París hizo que Diana (quien en ese entonces se apellidaba Dalziel) se acostumbrara a la sofisticación y a todas esas pequeñas cosas que conforman el chic.

-Enseñarle el dedo medio (de forma simbólica) a tu familia:

 

Diana Vreeland nació en una época en la que aún era necesario estar casada con un "buen partido". Y de acuerdo con la opinión de su madre, Diana estaba en una seria desventaja porque su hermana era "bella y ella era terriblemente fea y envidiosa y por consiguiente, insoportable". Y adivinen cuál de las dos hermanas pasó a la historia y cuál de las dos tuvo una carrera fabulosa en dos de las revistas más importantes del mundo.

-ser bailarina en tu juventud y tirar patadas como las Rockettes:

Esto es totalmente cierto. En los veinte, Diana bailó en una compañía londinense llamada las Tiller Girls. No creo que realmente lo necesitara, sino era más bien una diversión. Lo que sí es cierto es que los Vreeland siempre estuvieron cortos de dinero y tenían que trabajar duro para vivir esa vida llena de lujos en la que estaba inmersos. Ella y su marido, Reed Vreeland, nunca tuvieron una gran fortuna y debían trabajar constantemente: él como banquero y consultor para Emilio Pucci y ella como editora.

-entrar en las filas de Bazaar con sólo bailar:

Entre esas anécdotas legendarias de cómo descubrieron a algunas celebridades se encuentra la de Vreeland: La editora en jefe de Harper's Bazaar, Carmel Snow, fue invitada a una fiesta y ahí vio a una chica con un vestido Chanel y flores en el pelo bailando entre la multitud. Le ofreció un empleo y el resto es historia.

-escribir una columna de estilo con sugerencias tan maravillosas como descabelladas:

"Why Don't You?" fue la primer asignación de Vreeland en Harper's Bazaar. En esa columna se presentaban sugerencias que parecían descabelladas y estúpidas para muchos pero que en un universo paralelo eran ideas que se ponían en práctica con regularidad. Los lectores se debatían entre el escándalo, la sorpresa y la burla cuando Vreeland les sugería lavarle el pelo a sus hijas con champaña o ponerse perlas con moños de terciopelo o cosas por el estilo. No sabemos si alguna persona fuera de las Vanderbilt o alguien igual de rico y decadente puso en práctica los consejos de Vreeland en Bazaar.

-Ser tan flexible como un acróbata con el concepto de "buen gusto":

Esas dos palabritas conformaban una frase a evitar para Diana Vreeland. Si nos ponemos a pensar, el buen gusto es tan subjetivo como la idea de la felicidad. Digo, para mí la felicidad puede ser vivir en la playa tomando limonadas de agua mineral, o estrenar una prenda nueva diariamente. El punto es que, a pesar de que existen convenciones sociales que definen el buen gusto, éste no deja de ser subjetivo.

Para Diana Vreeland el buen gusto no existía. Existía la elegancia y ésta se podía lograr mediante una serie de elecciones personales, tanto en ropa como en gustos y actitudes. El mismo look de Diana Vreeland (toda de negro, con un rubor muy subido y el pelo peinado hacia atrás como una bola de helado en la cabeza) puede parecer horripilante para muchas modernas de hoy.

-Ser profunda en tu frivolidad:

Decir que "Vreeland era una mujer de contradicciones" es una frase muy gastada. Tan gastada como decir "Las tangas de encaje son el nuevo negro". Discutir el origen de "(inserte objeto aquí) es en nuevo negro" merece un post aparte, porque (en mi opinión) se refiere a algo que redefine la elegancia actual. En sí, es una muy buena frase si se entiende el sentido.

Este tipo de afirmaciones eran propias de Vreeland y es lo que la hace diferente a muchas otras personas obsesionadas con la moda: entender que la moda es una industria, una actitud y no sólo un montón de ropa bonita y carísima. Son sueños y aspiraciones, ideas y sugerencias y formas de vida en general. Y como decía, "la verdadera elegancia está en la mente". 

-Ser una editora de la revista de más icónica sin perder el sentido común:

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Existe una anécdota muy famosa Carrie Donovan, asistente de Vreeland y posterior editora de moda de Harper's Bazaar. Los franceses quisieron lanzar la moda de las faldas largas (lo cual se impuso brevemente por ahí de 1969-1971) y, cuando Donovan le sugirió a su jefa presentarlas en Vogue, Vreeland le respondió: "Oh, no, Carrie. A las mujeres modernas no les interesa eso. Son las que llevan a sus hijos a la escuela".

Por algo dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos.

-Ser angustiantemente perfeccionista:

No se confundan, chicos. En este cuento Diana Vreeland no es el hada buena ni Wintour el hada mala. A pesar de tener concepciones muy diferentes sobre el glamour y el cómo manejar una revista, ambas son un par de editoras en jefe como para temblar de miedo.

Resulta que las producciones de Vreeland eran maravillosas, pero debían ser perfectas (sí, PERFECTAS) para poder entrar a las páginas Vogue. Vreeland solía rechazarlas por minucias como falta de brillo en los labios o el cuerpo ligeramente mal posicionado, llenando de frustración a fotógrafos y modelos por igual.

Ahora bien, el staff, aunque la adoraba, debía obedecer a sus ocurrencias: un día era usar campanas a modo de accesorios, otro zapatos con cadenas y otro era mandar despedir a la señora de servicio que laboraba en el piso de arriba porque el ruido de sus tacones la distraía. La perfección en Vogue debía ser absoluta.

-Entrar en sintonía con las vanguardias:

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A Diana Vreeland le fascinaba la modernidad. Y en los sesenta, década en la que la modernidad llegó de golpe a todo mundo, se movía como pez en el agua. Para ella, las tendencias como la ropa espacial, las minis y el hippismo le parecían fabulosas y siempre encontraba el modo de enseñarlas al público para que las utilizaba. Los nuevos valores (la juventud, la libertad sexual, la independencia y hasta la postura política en la mujer) le encantaron y los metió de golpe a su revista. Y de repente, Vogue se volvió una revista muy actual.

-llenar de exotismo una revista aburrida

Diana Vreeland encargaba editoriales fabulosas, llenas de dinamismo y color, ideadas por ella en locaciones de lo más exótico (por lo que me extraña no haberme topado aún con alguna producida en México) con peinados extravagantes y poses llenas de movimiento. Ya no eran esas aburridas fotos de estudio de la Vogue y Bazaar de los cuarenta y cincuenta, era el dinamismo con vestidos llenos de estampados, maquillaje impactante y un aumento fascinante en el color.

-Marcar un antes y un después de tu presencia

Ningún lugar ha sido igual después de Diana Vreeland: Harper's Bazaar era buena cuando ella, Carmel Snow y el equipo creativo de ambas estaba creando a una de las revistas más impactantes del siglo XX.

Carmel Snow le tenía miedo a Diana Vreeland. Tanto que aconsejó a sus superiores el no contratarla nunca como editora en jefe porque era demasiado buena. Y por el temor de Snow, Vreeland abandonó Bazaar a principios de los 60 y se fue a Vogue, la cual mejoró mucho su calidad, mientras que Bazaar se volvió gris.

Algunas de las fotografías más icónicas del siglo XX se produjeron bajo la tutela de Vreeland.

Una de las frases más famosas de Vreeland era "Debemos darle al público lo que nunca creyeron que querían". Es saber los gustos del público antes de que ellos mismo los conozcan. ESA es la verdadera labor de un editor y por eso Vreeland triunfó en Vogue y Bazaar. Eso explicaría que, al querer imponer (no ofrecer) modas que el público nunca quiso ni querrá (de formas poco creativas, además), la calidad de ambas revistas se viniera abajo.

Después de su salida de Vogue (la despidieron porque querían algo más práctico, sumiendo a la revista en el mundo del aburrimiento), fue contratada por el MET. Y el MET también cambió.

 

-Ser cazatalentos:

Lauren Bacall, Twiggy y Richard Avedon están entre las personas que Vreeland lanzó a la fama en las páginas de las revistas en las que se involucró. Creo que no necesito decir más al respecto.

-Convertir en glamour todo lo que tocas

Después de ser despedida de Vogue, entró al MET. Y las exposiciones como la gala de inauguración del MET se transformaron hasta ser lo que es ahora: el evento social del año.Como estaba muy bien conectada con la alta sociedad, mandó invitaciones, pidió vestidos usados (de Poiret, Chanel, Balenciaga y demás tesoros), recaudó fondos y le inyectó vitalidad al MET. Hasta el día de hoy esa gala, por más Lindsay Lohans que asistan, no ha perdido su prestigio.

Y además está Jacqueline Kennedy, quien no sacó el glamour que la caracterizó de cualquier lado. Vreeland fue su estilista, conectándola con diseñadores estadounidenses que le crearon un guardarropa de lo más envidiable.

 

-vivir tu vida en su solo color

Diana Vreeland siempre estaba vestida de negro. Y amaba el rojo para la decoración. En su departamento, todo era rojo y ella amaba posar en él vestida de negro y maquillada con rojo.  Y aún así, pensaba en que las otras personas amaban otros colores, y llenaba a las revistas de color.

...y en dos palabras, ser absolutamente fabulosa

viernes, 17 de julio de 2009

My current obsession: Róisín Murphy

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Creo que estoy enamorado. Más bien, vuelto loco, punto menos que idiotizado. Leí sobre alguien y le encontré un atractivo que sus compañeros e imitadores no tienen. Y así fui, poco a poco, hasta que ahora me encuentro suspirando por ese alguien.

No ubicaba a Róisín (se pronuncia Roushin) Murphy, cantante pop y potencial estilista, puesto que tiene un sentido de la moda muy desarrollado, creatividad y atrevimiento entre otras cualidades.

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Róisín se hizo famosa en algunos círculos por ser la cantante de Moloko, agrupación trip-hop de los 90. Todo empezó en 1994, cuando conoció a Mark Brydon, su novio y fundador de la agrupación en una fiesta e inició la conversación diciendo “do you like my tight sweater? See how it fits my body”. Una frase creativa para ligar, sin duda alguna. La frase impresionó tanto a Brydon que bautizó de ese modo al primer disco de la agrupación.

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Ella no tenía experiencia como cantante, pero aprendió rápido de la mano de Mark Brydon, quien ya llevaban unos años siendo músico y productor. La frescura de su voz y el estilo musical que ambos exploraban les valieron el éxito en el Reino Unido y parte de Europa.

El momento de Moloko llegó en 1999 con Sing It Back, canción que seguramente conocen. Fue su más grande hit y en el video Róisín aparecía bailando con un minivestidos hecho con pedazos de espejo, algo así como una bola disco hecha prenda. Recuerdo que la colección de Alta Costura de Dior, de otoño 1999 tuvo un tema similar, así que el vestido podría pertenecer a la colección.



El atuendo de Róisín Murphy bien podría ser uno de los más memorables en la historia de los videos musicales y resume su estilo: piezas interesantes en las que proyecta una comodidad que pocas veces se ve entre los “excéntricos” –probablemente porque muchos de estos individuos sólo son la pose-. Pero Róisin no. Podría andar en pijamas y verse igual de cómoda.

La relación entre ella y Brydon se fue enfriando poco a poco, hasta que en 2004 se separaron después de una gira mundial. Aparentemente las cosas ya no funcionaban desde un año antes o algo así. Cuando sus caminos se separaron, Murphy comenzó una carrera como solista y lanzó un álbum en 2005, el cual gozó de un éxito limitado.




En 2007 lanzó Overpowered, el cual ha tenido éxito, tal vez no el que en realidad merece. Es un álbum con buena producción, un sonido electrónico, pegajoso pero original y letras que van del calentamiento global (Dear Miami) a la trata de blancas (Movie Star) a la química corporal (Overpowered).

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A partir de este álbum Murphy decidió atreverse a más y comenzó a vestirse de diseñador. Comenzó con Anna Sui y terminó con Gareth Pugh y los Dolce. De hecho, Pugh y Murphy tienen una relación profesional desde hace dos años, y a veces la invita a sus shows.

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Algo realmente positivo de los videos de Róisín es su creatividad con bajo prespuesto. Añado aquí Overpowered y Let Me Know. Ambos son muy interesantes y atrapan, sin necesidad de tanto barroquismo como es el que suelen tener los videos pop.



Seré muy sincero: no siempre sus combinaciones le salen bien. De hecho, tiene varios errores, pero es lo que la hace más atractiva a mis ojos. No tiene estilista y eso quiere decir que piensa en sus combinaciones y no se limita a recibir indicaciones de alguien que le escoge la ropa. Eso es un gran mérito en estos tiempos.

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Róisin es fanática de la moda. Desde niña buscaba verse diferente y tal vez por eso se ve tan cómoda con los atuendos que escoge, incluido ese vestido de Gareth Pugh que horrorrizó a muchas personas de la blogósfera (a mí no, me parece admirable que use una armadura y no se vea tiesa). Puede usar una capa de Maison Martin Margiela, un gorro de dimensiones colosales de Givenchy Haute Couture o un atuendo con hombros circulares de los Dolce y se sigue viendo espléndida. Porque no desaparece entre las prendas, ambas resaltan.

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El problema es que alguien más famosa que ella le copió el look. Estoy hablando de esa mujer llamada Lady Gaga. No le he puesto atención a su música y no me vuelve loco lo que se pone porque al verla veo un grito desesperado por atención y sinceramente no me cae mal, me da igual. Pero Lady Gaga avanza a pasos agigantados hacia el ridículo porque no sabe cuándo es suficiente y cree que entre más raro se vista, más la alabarán. GRAVE ERROR. No le haría mal tomar unas cuantas lecciones de estilo de quien tanto ha imitado.



Por cierto, acaban de anunciar que está embarazada. Veremos cómo adaptará su estilo al embarazo.



Anoche fui invitado a una noche de martinis en Profesionales de la Imagen, una estética en toda la extensión de la palabra. El lugar no sólo cuenta con un salón de belleza, también ofrece faciales y asesoría de imágenes, mediante los cuales sale uno renovado y con ganas de comerse al mundo.

Conocí la labor de Profesionales de la Imagen por su blog y posteriormente conocí el lugar, el cual está al sur de la ciudad. Si les interesa conocerlo pueden concertar una cita mediante Simone, aquí tienen su página en Facebook. Se sorprenderán, les aseguro.

A pesar de que estuve poco tiempo en el coctel, platiqué con Simone y me di cuenta que el salón llena algunas necesidades, entre las que se encuentra un cambio integral y un grupo de maquillistas y esteticistas que negocian con el cliente en vez de imponerle tendencias. Lástima que ya me había cortado el pelo la semana pasada (volví a mi estilo Jean Seberg después de experimentar con una "mohicana conservadora"). Les recomiendo el lugar. Si quieren conocer la experiencia de una clienta satisfecha, den click aquí

Bien, ahora un anuncio: Dana de Deco Love, Botica Pop y yo estamos organizando una reunión para que nos conozcamos y la pasemos bien –la idea fue de Dana, por cierto-. Creemos que un lugar céntrico sería una buena opción, puesto que vivimos en rumbos diferentes de la ciudad (y algunos otros viven en el interior de la República) y un sábado es perfecto para todos porque no abundan los conflictos de horario.

El lugar lo sugirió Botica y lo escogí yo. Es la cafetería de la librería Porrúa. Tiene un buen café, precios accesibles y una vista envidiable del centro de la ciudad. Además, como tiene terraza, se puede fumar.

La cita es este 25 de Julio. ¿La hora? La someteremos a votación. Sugiero que sea a la 1 de la tarde, mientras que Dana considera que las 4 de la tarde es mejor opción. Me parecen bien ambas, ¿qué opinan?

Llegar al lugar es muy fácil: está en la calle de Justo Sierra, esquina con República de Argentina, atrás del Templo Mayor y a media cuadra de San Ildefonso. Pueden llegar por el metro Zócalo, bajarse en la salida que da a la catedral, y rodearla para salir a Donceles y seguirla hacia la derecha para llegar a Porrúa. Si por azares del destino está lloviendo, cambiamos la sede a Mumedi, la cual está en Madero 74, a unos pasos del Zócalo. Recuerden: el 25 es la cita.

jueves, 14 de mayo de 2009

My Current Obsession: George Gershwin




Soy de los que creen que empiezas a envejecer en cuanto te vuelves un fascistoide musical. Y siguiendo con esta idea, a los 13 años era un viejo al que le gustaba... bueno, no importa. Una persona, con educación musical o sin ella, debe tener un poco de objetividad como para saber que los géneros musicales pueden encontrar tesoros sin importar que sean cosas medio guarras. El ejemplo del día: Un amigo me pasó el soundtrack de Givenchy otoño 2008 y me dijo que sus otros amigos se horrorizaron porque Michel Gaubert (ah, qué gran DJ es) escogió un par de cumbias para darle más distinción a la colección. La música tropicosa no es mi estilo, pero la selección que hizo Gaubert es excelente. Las cumbias y salsas -sobre todo estas últimas.- pueden tener grandes piezas.

Mis gustos varían mucho. Y puede que me encante la moda pero no siempre me va a gustar la música de moda. Y entre esas cosas muchas no me entran. Punto. Por ejemplo: a mí no me entra mucho la música electropop que ponen muchos diseñadores. Pero bueno, cada quién.

Tal vez les sorprenda que haya elegido a un compositor clásico, tomando en cuenta que soy fan del rock y de las cosas "modernas". Por el post de Eydie Gorme saben que tengo una obsesión con algunas décadas del siglo XX, y saben que algunas canciones me vuelven un torrente de emociones. George Gershwin ha sido uno de los pocos artistas que realmente han llegado a tocar una fibra muy sensible en mi persona.

Gershwin perteneció a una familia judía de gran talento musical. Nació en Nueva York en 1898 y a temprana edad comenzó a ser atraído por la música. Dejó la escuela a los 15, intentando ganarse la vida como compositor. Eventualmente unos años después el éxito llegó a él y realmente comenzó a ganar dinero.

Los años 20 vieron surgir la leyenda de George e Ira Gershwin. George componía música maravillosa mientras Ira le dotaba de una letra pegajosa y rítmica. Varias canciones de ese tiempo calaron hondo en la memoria de los adultos del periodo entre guerras. Ambos incursionaron en la ópera al crear Porgy and Bess (la canción más famosa y que seguro conocen: Summertime), una ópera con un elenco de personajes negros, situada en Nueva Orleans. En su tiempo fue muy aplaudida pero algunas personas de hoy se sienten ofendidos con el estereotipo. No creo que sea para tanto.

George Gershwin tenía un gran futuro por delante... pero su muerte cortó de tajo ese desarrollo. Murió a causa de un tumor cerebral a los 38 años. Su hermano Ira siguió componiendo hasta que murió en 1983 y dejó un legado impresionante que hasta ahora es recordado por muchos estadounidenses.

Por cierto ¿creerían que parte de esta entrada la redacté caminando por la calle y escuchando a Gershwin a todo volumen? Pues sí. Me vino a la mente y tuve que detenerme a garabatearla en una agenda vieja que cargo conmigo para pendientes y arrebatos creativos como este. Y es que si no lo apunto o me distraigo o se me olvida. O, peor aún, no me sale igual. La gente seguro pensaba que estaba loco, uno no ve todos los días a un tipo rayoneando un viejo cuaderno en medio de la calle. Estoy seguro que me creyeron loco o escritor, jajaja.

Las dos sinfonías principales de Gershwin me llegan muy profundo. ¿quieren verme contento? Pónganme Rapsodia en Azul. ¿Quieren verme aún más contento? Pónganme An American In Paris. Yo sé que es muy difícil describir las reacciones de un individuo ante una pieza entrañable pero lo voy a intentar con ambas melodías.

An American In Paris es mi favorita, porque me detona más emociones. Mi corazón se detiene momentáneamente en el minuto 7 y cuando comienza el solo de trompeta (en este caso, en el segundo video que les dejo) no puedo evitar que se me humedezcan los ojos. Muchos de mis sueños y planes para el futuro se pueden resumir en ese solo de trompeta. Escucharla me ha estado dando la motivación suficiente para poder acabar este horrible semestre y poder encontrar el modo de llegar allá.

La intención de Gershwin era contar una historia y a la vez crear un poema musical a la capital francesa. Si escuchan la sinfonía con mucha atención pueden notar que está narrando un viaje de Nueva York a París. Las bocinas de los taxis y el ritmo frenético de la primera parte les da la pauta y la sublime tranquilidad de la mitad los conduce a los puentes de París, los clubes nocturnos (con baile incluido) y la Torre Eiffel. Al final, el viajero norteamericano se siente un poco nostálgico y regresa a casa. Y todo eso narrado en diecisiete deliciosos minutos. Desde que se presentó en 1928 se ha vuelto un favorito un poco menos popular que la otra gran obra sinfónica de Gershwin.

Del resto de la sinfonía, ¿qué les puedo yo decir? Es bella, dinámica, musicaliza el ambiente ajetreado de Nueva York y la bohemia parisina sin llegar a ser tan cursi ni tan evidente. Gershwin simplemente lleva de la mano a su auditorio, de la gran ciudad industrializada al parque de diversiones de los estadounidenses ricos que era París en los años 20. Obviamente, incluye al Charleston, el ritmo que definió esa grandiosa década (por cierto, ¿se dieron cuenta que nosotros también vivimos ya nuestros propios años 20?) y al jazz, que en esos tiempos era un ritmo atrevidísimo pero de gusto popular.

La versión que más me gusta de An American In Paris es la dirigida por Arthur Fiedler. Creo que la cinta se grabó en 1947 pero no ha perdido nada de frescura. La busqué en YouTube pero no la pude encontrar, así que en su lugar les dejo una versión muy interesante: la de la filarmónica de Nueva York, presentada en Corea del Norte hace no mucho. Escúchenla, disfrútenla pero consigan la versión de Fiedler porque tiene varias diferencias en el ritmo. Ambas se me hacen fantásticas. Por cierto, la ventaja de este video es que al final incluye Farandole de Bizet. No la conocía pero me agrada mucho.






El final (mal cortado) con Farandole:




Hablemos ahora de Rapsodia En Azul. Esta es más conocida y fue el motivo de que un servidor se enamorara locamente de Gershwin. En algún momento de mi vida la había escuchado y no le presté mucha atención pero Fréderic Sánchez la escogió para musicalizar el desfile de primavera de Marc Jacobs y me fascinó esa combinación. Sé que a muchos les parece espantoso el desfile pero a mí me agrada porque es creativo y lleno de vida, aunque me recuerde un poco al YSL de los 70.






Rapsodia En Azul se presentó en 1925 para gran deleite de la audiencia. Se volvió muy popular en su tiempo y elevó el estatus de Gershwin de "simple" compositor de temas populares a genio de la música. Con Rapsodia en Azul, Gershwin le rindió pleitesía a su ciudad favorita, algo que algunas décadas después hicieron Sinatra y Woody Allen con su canción y filmes respectivamente. Para muchos, Rapsodia En Azul se convirtió en el soundtrack oficial de Nueva York así como en una pintura sin pinceles pero con mucho, mucho color.

Si no la han escuchado, corran a hacerlo y les recomiendo que busquen la versión de Leonard Bernstein, el gran compositor y director de orquesta. Es la mejor de todas las que se han gradabo. Y por cierto, les pondrpe la versión que hicieron para Fantasía 2000. A pesar de que a la orquesta le hace falta un poco de intensidad, lo hacen muy bien y la animación es preciosa. Pero si aprietan aquí escucharán una partecita de la versión de Bernstein... lástima que esté incompleta porque es preciosa. Me encanta verlo dirigiendo y tocando el piano a la vez, era un gran director. Pero bueno, aquí tienen la versión de Disney con todo y animación.





Voy a terminar este post con otra obra de Gershwin: un pedazo del concierto en F (no sé a qué letra equivalga en español). Esta obra es desconocida para mucho pero es muy agradable. A mí me gustó mucho por que resume su estilo: un tipo de música sinfónica fresca y vivaz. Poco a poco he descubierto que no toda la música de cámara debe ser aburrida. Es más bien el mito alrededor de ella. La conducción está a cargo de Arthur Fiedler y es del año 1940. Disfrútenla mucho.



Por cierto, se busca la ayuda de alguien que trabaje en Conaculta, como Botica Pop, para que confirme una fecha. La Orquesta Sinfónica Nacional iba a presentar un repertorio de Gershwin el 5 de Junio (si alguien quiere ir conmigo, está invitado) pero por esto de la contingencia todas las fechas se recorrieron. ¿Seguirá en pie lo del 5 de Junio, ya valió, se cambió de fecha o qué? Gracias!!

jueves, 7 de mayo de 2009

Ya son dos años, Isabella




Siento pena de no haberte conocido antes.

Siento rabia de saber que la industria olvidó a alguien como tú.

No me sorprende que hayas decidido acabar con tu vida de esa forma puesto que tu intensidad era total.

Admiro tu intuición, era inigualable.

Me alegro de que hayas tenido amigos fieles como Philip Treacy, Rupert Everett y Manolo Blahnik.

No culpo a la depresión de tu muerte. Eras una persona melancólica con un lado oscuro que era igual de fascinante que tu faceta de euforia.

Estoy seguro de que a McQueen le remuerde la conciencia el haberte dejado cuando fuiste tú quien lo encumbró. Por eso te dedicó una colección entera, aunque haya sido demasiado tarde.

Me hizo sonreír el hecho de que hasta en tu funeral fuiste única.




Me confunde el hecho de que personas como tú tengan que irse cuando otras, quienes no aportan nada y desprestigian a la industria, siguen vivas.

Me hubiera gustado que confiaras un poco más en tí misma y te creyeras esto de que en verdad eras única e inigualable.

No he visto un sombrero tuyo que no me gustara. Y por cierto, me encantaba esa demostración tan evidente de tu identidad.

Aplaudo que hayas vivido para la moda y la llegaste a conocer (y amar) tan bien, al grado de verla como una forma de vida y no como una mera banalidad.

Quisiera tener una confianza absoluta en la gente que apoyo del mismo modo que lo hacías tú. Nunca apoyaste la mediocridad.

Ya que tocamos ese tema, me fascinaban los momentos en los que sacabas a relucir tu conocimiento del mundo y su belleza. No eras una tonta en busca de la nueva frivolidad, no lo eras.

Quisiera que volvieras a la vida, y más porque estarías cumpliendo cincuenta años... pero eso es imposible. Tal vez necesitabas este cambio para que te comenzaran a valorar. Ya son dos años y quienes te admiramos en vida seguimos lamentando tu partida.



"The hat is a means to an end, a marriage contract. It's everything. It's a sensual thing - the idea of catching somebody like a spider in a web. It's the old fashioned cock-and-hen story, the mating dance. Men love hats. They love it because it's something they have to take off in order to fuck you. Anyone can wear a hat."
-Isabella Blow

Traducción: "El sombrero es un fin, un contrato matrimonial. Lo es todo. Es algo sensual, la idea de atrapar a alguien como las arañas en sus telas. Es la vieja historia del gallo y la gallina, la danza del cortejo. Los hombres aman los sombreros. Los aman porque es algo que te tienen que quitar para cogerte (follarte). Cualquiera puede usar un sombrero."





Te dedico esta pieza:



Y creo que debieron haber cantado esto en tu funeral. Te lo merecías y la letra te va completamente.



*(para quienes no conozcan la vida y obra de Isabella Blow, a quien dedico el post de hoy, pulsen aquí para conocer un poco más de ella)

Lo olvidé completamente: Este es el show de Alexander McQueen primavera 2008, dedicado totalmente a Isabella Blow. Fue presentado en septiembre de 2007, cuatro meses después de su muerte. Los sombreros, diseñados por Philip Treacy, eran idénticos a los que usaba Isabella. Y la voz femenina mezclada en el audio es de ella.



martes, 5 de mayo de 2009

Del baile de anoche en las Tullerías

Aunque ya no tienen la demanda que en el siglo XIX, los bailes siguen siendo un evento en el que nuestra imaginación vuela al ver lo maravillosos que pueden llegar a ser. Actualmente se hacen dos o tres bailes anuales que realmente valen la pena, como el Baile de la Rosa en Montecarlo, el cual se ha vuelto el reino de Karly estos últimos años, o, me atrevo a decirlo, el baile anual en la ópera de Viena... bueno, ese no, porque hace unos años la invitada especial fue Pamela Anderson y el año pasado creo que Kim Kardashian, mejor que sea el de las debutantes del Hotel Crillon, en el cual todas las hijas de papá arrasan con los vestidos de Alta Costura… las más insulsas escogen hasta a ¡¡Tommy Hilfiger!! (teniendo a sus pies la crema y nata de París) mientras que otras coquetean con diseñadores poco conocidos como Anne Valérie Hash y celebridades como Galliano y Karl.

Dentro de esos bailes el que es el más esperado por las celebridades, los editores de moda y nosotros los bloggers, es el baile del Instituto del Vestido del museo Metropolitano de Nueva York. Cada año, presentan una exposición novedosa con la curaduría de Harold Koda, y la fiesta siempre está organizada por Anna. Celebridades, modelos, diseñadores, socialités... Todo el que tenga un nombre importante o esté de moda en ese año es invitado. Por ejemplo: el año pasado fue Tilda Swinton y Taylor Swift, el antepasado Cate Blanchett y este… Katy Perry.

El baile, por supuesto, es un evento muy caro en el que se gasta mucho dinero por ganar publicidad. Asientos de 7500 dólares y mesas completas de 50 000, telas exclusivas, viajes, estilistas y peinadores, todo con la intención de figurar en la prensa especializada. Obviamente les da igual si el MET no aparece en la sección de espectáculos de La Prensa o en TV Notas (periódico amarillista de México y revista de chismes más vendida en el país… por cierto, una vez SÍ apareció una foto de Salma en el MET, hace dos años en TV Notas), su objetivo es figurar en Harper’s Bazaar, Women’s Wear Diary y demás medios realmente dedicados a la moda. Incluso es beneficioso que las casas se aprovechen y vistan a todos porque esto les llega a segurar tratos comerciales muy importantes; por supuesto, las figuras de moda pueden asegurarse una que otra campaña o editorial en Vogue, haciendo felices a sus publirrelacionistas, sus agentes… y a ellas, claro está. Es negocio, es política, es frivolidad, es moda… justo como en el siglo XIX.

A nosotros, simples mortales, se nos presenta la Alfombra Roja para que nos admiremos de las elecciones que cada año hacen los habituées y las figuras de moda –y de la moda, que no es lo mismo-, sabemos que cada año llevan a un nuevo invitado de honor y deducimos qué casa va a estar prestando más vestidos, cuál sería el estilo recurrente y hasta quién podría o no aparecer. Por ejemplo, en 2005 fue en honor de Chanel y Karly fue el invitado de honor. Hace dos años la exposición fue en honor de Paul Poiret, así que muchas se fueron por lo vintage. El año pasado fueron los superhéroes y tuvimos algo de atrevimiento… este año fue un poco diferente.

Como no ha sido un buen año para la industria, esta gala fue más austera: sin muchos diseñadores, sin mesas enteras para las celebridades, sin algunas celebridades, e incluso sin mucho ridículo en el vestir. No obstante, Anna se esforzó mucho y sacó adelante el baile del MET.

Antes que continuemos, me gustaría hacer una interesante observación: leí hace dos dias que, al más puro estilo Devil Wears Prada, Anna obliga aconseja a todos usar lo que ella cree que esté bien y tiene unas simples reglas no oficiales. La más importante de todas es usar algo nuevo o vintage muy raro y está terminantemente prohibido, so pena de expulsión del mundo ‘fashioneril’, llevar algo repetido. No sé si haya sucedido antes pero las reglas de Anna han dado resultado y tenemos personas aburridamente vestidas frente a algunas que se ven simplemente espectaculares.

Básicamente podemos dividir a las asistentes en tres grupos: las que se ven fantásticas, las que se arriesgaron pero casi –CASI- lo lograron (fallando estrepitosamente en el camino) y las que se confunden con la multitud. Como no quiero desperdiciar imágenes inútilmente, dejaremos este grupo en el olvido.

Bueno, empecemos a recortar.


En la fiesta del año, un evento que está totalmente dedicado a la moda y es aún más importante que los Oscars, está bien visto arriesgarse y sólo la prensa no especializada en moda (léase Pérez Hilton) se burla de quienes cometieron errores. La verdad, algunas fallan tan horriblemente que sí dan ganas de burlarse. Pero bueno, este año pocas personas fracasaron en sus atuendos al extremo de que causen risa. Postearía a Rihanna pero mejor les dejo el link. Pobre chica, se vistió con un atuendo que no dominaba por completo, aunque no está del todo mal.



Quien sí dominó el atuendo masculino a la perfección fue la actriz Lake Bell, quien se alejó de los habituales vestidos para enfundarse en un traje de Rag & Bone. A esto le llamo tener agallas para presentarse en un evento como este de una manera diferente. El traje es perfecto y el sombrero es muy masculino. Aún así, Bell conserva la suficiente femineidad para hacer de este un look andrógino y no enteramente masculino.



Otra que por desgracia no tuvo un buen resultado con el riesgo que tomó fue Leighton Meester, una de las chicas del momento por Gossip Girl. La idea de ponerse Louis Vuitton no era mala pero a ese vestido tan colorido no le hacían falta las mallas con el mismo estampado. Hasta en lo exagerado menos es más. Me pregunto qué habría pasado si hubiera dejado esas cosas en casa.

Los riesgos vienen de quien no esperamos y el más soprendente fue el de Anne Hathaway. El Sr. Q dijo alguna vez que era una mezcla entre Bambi y un hada del bosque y ver sus etéreos y cursis vestidos me hizo pensar en eso. Yo también la amé cuando llegó al festival de Venecia con un Atelier Versace de miedo y unas ganas de comerse al mundo pero después se volvió muy predecible.



Con ese Marc Jacobs se ve increíble. Si ella quisiera podría vestirse con las piezas más arriesgadas de Maison Martin Margiela y se seguiría viendo genial pero se niega (más bien Rachel Zoe lo hace) y comienzo a pensar que no tiene remedio. Y entonces llega con un Marc Jacobs y un peinado maravilloso y comienzo a pensar que si jugara con su estilo tanto como lo hizo anoche podría llegar a ser un ícono.

A veces el riesgo implica dejar de buscar diseños extravagantes por una imagen más sobria sin perder la esencia. Dos mujeres lo hicieron y tuvieron mucho éxito. La primera de ellas es Daphne Guinness. La he mencionado algunas veces sin explicación pero en este momento la merece: Daphne es heredera de la cervecería Guinness y vive su vida para comprar piezas de Alta Costura y las caridades. Su aporte económico a ambas causas le ha ganado muchas amistades y su estilo tan fuera de lo común es apreciado por muchas personas, la editora de Vogue Italia y yo como fans famosos y no famosos respectivamente.



Daphne Guinness siempre viste de Alexander McQueen, Givenchy Haute Couture, los diseños más atrevidos de Chanel y Azzedine Alaïa (una pena que le hayan hecho esa grosería, la explico al final del post) pero esta vez, al intentar verse convencional terminó viéndose regia. El vestido es de Oscar de la Renta, con quien sale en la foto. Por cierto, de la Renta no me desagrada y creo que es un gran exponente de la moda norteamericana pero a veces es algo repetitivo. Esta vez, con Guinness sorprendió a todos.

La segunda inglesa opacó a la primera y está ya siendo comentada en muchos blogs. Es Agyness Deyn, la embajadora no oficial del new rave y la representante en la tierra de Henry Holland. A ella se le ama o se le odia y he pasado por los dos estados frecuentemente, aunque me quedé estacionado en el segundo cuando se volvió tan apegada a Holland. Puede que para algunos no tenga estilo pero tiene mucha actitud –es indiscutible- y por eso la sigan llamando, aunque poco a poco deje de interesarle a algunos diseñadores influyentes.



Anoche dejó su yo estridente en casa y se vistió de Burberry, se peinó y se maquilló emulando a los años 60. Se ve excelente, aunque cometió un pequeño error con los labios. El rosa le va bien pero contrastando con ese maquillaje le borrla los labios. Un tono más intenso habría hecho la diferencia. Aún así se aprecia su esfuerzo con un buen vestido de lamé en tornasol plateado, joyas y peinado adecuados. Venía acompañada de Twiggy, la cual pasó desapercibida aunque llevaba un interesante sombrero.

Kerry Washington es una de las pocas personas que pueden dominar los diseños de esta temporada de Louis Vuitton. Siendo una fanática de la firma y teniendo conocimiento de sus ventajas y debilidades a la hora de vestirse, Washington siempre saca partido de la ropa para verse totalmente diferente.



Considero que Washington es una de las personas con más estilo en Hollywood. Es consistente, y está al tanto de lo nuevo, pero nunca será una voguette, ni le interesa serlo. Y saca adelante este look con mucha clase y seguridad en sí misma (si no me creen miren la forma en que se para). Es un ejemplo de un riesgo que valió la pena.



La reina de la fiesta también se arriesgó al usar un turbante en una época donde pocos los quieren de vuelta. El vestido no está mal, la hace resaltar aunque no puedo evitar verlo y pensar qué otros diseños pudo haber usado para verse espectacular. Se me ocurren muchos pero a laprecer a ella no. No importa, ha dado de qué hablar y el conjunto fue digno de alguien que está siendo la invitada del invitado de honor.



Probablemente no sepan que me caen mal las Olsen y su estilo-antiestilo me gustaba cuando empezó pero ahora no ha evolucionado y me causa indiferencia verlas con un café de Starbucks en la mano, un maxibolso en la otra y calzando unos peligrosos tacones. Para las alfombras rojas tampoco me gustan… hasta que anoche Ashley dio un giro perfecto a su estilo.




Iba de blanco, con un peinado sencillo y un vestido The Row aparentemente unas tallas más grande, aunque en realidad nada sobraba. El escote y un accesorio en forma de lagartija la hacen verse fiel a su estilo sin que, en apariencia, revolviera entre el closet de su mamá. Era cuestión de ajustar un poco en las zonas adecuadas.



Liv Tyler también aplicó el mismo principio. No tiene un cuerpo perfecto y no es fanática de los vestidos que lo revelan todo o lo demasiado llamativo. Así que escogió un color adecuado para ella con un vestido que le sienta tan bien como lo haría con Joan Crawford.








Ella venía acompañada de Kate Hudson, Kate Bosworth y Stella McCartney. De Kate H. ¿qué les puedo decir? El dorado le sienta muy bien y lo sabe. La Bosworth se ve algo aburrida pero pasar de Chanel a McCartney es algo drástico. Por cierto, su vestido originalmente tenía aberturas en todos lados y las mandó suprimir. Tache.



Diane Kruger es una de mis chicas Karl favoritas. Creo que tiene estilo y no se deja someter por lo que su “padrino” le aconseja. Va y viene de Chanel cuando le place y eso está bien, porque si algún día el tío Karl la abandona tendrá una nueva dirección a donde ir. Por el momento ambos se adoran y él la vistió de un Chanel Haute Couture precioso que en ella es perfección. No es aburrido ni tampoco enseña de más. Noten su ligero bronceado para no perderse en el tono del vestido.



Otra chica Karl es Kirsten Dunst y en ocasiones su fanatismo no le ayuda a distinguir las buenas piezas de algo que no le ayuda en absoluto. Sin embargo, este vestido Chanel Haute Couture se lleva muy bien con ella. Es de la colección Primavera 2007 y por lo que veo es tan fan como yo de esa gran colección. Creo que a otra socialité (Fabiola Beracasa) usó un vestido de la misma colección… pero los resultados son muy diferentes (vean)

Georgina Chapman lo tiene todo: una marca que ha crecido en los últimos cuatro años, un esposo asquerosamente rico (Harvey Weinstein, productor de cine), buen cuerpo, talento, una cara que parece esculpida… algunas de mis lectoras dirán que la vida no es justa. Lo sé, pero también sé que se ve increíble y ella es una de las mejores modelos para Marchesa, su marca de ropa. Creo que su éxito radica en su usual buen gusto y la inteligencia suficiente como para saber que al diseñar para ella también lo hace para Hollywood, ya que su buen gusto y las preferencias de las actrices más cotizadas se parecen.



Por si eso fuera poco, la chica (Dios, no puedo dejar de mirarla, es bellísima) tiene amplios conocimientos de diseño y eso se nota. Y lo mejor de todo es que experimenta y lentamente lleva a Marchesa a una nueva dirección. Por cierto, esta foto fue tomada de Red Carpet Fashion Aawrds... ignoren a Kate Beckinsale y los tirantes que arruinan su vestido.

Una de las reglas básicas del juego en esta cancha (la alfombra del MET) es jugar con el color. Si te vas por lo usual, te confundirás con la masa de socialités y personas cuasidesconocidas que visten de negro para este día. Pero otra cosa es importante, jugar con un color que te vaya. No sirve de nada que una estrellita se vista de blanco si es más pálida que Nicole Kidman o con un color que la deslave. El color es también un accesorio.



Quien sí lo entiende de ese modo es Iman, la modelo que salvó a David Bowie de sí mismo. La veo y no puedo creer que tenga ya 50 años, ¿ustedes lo creerían? Iman usa sabiamente el color y combina su maravilloso tono de piel con el blanco más reluciente que encontró. Combinando el vestido y el color, Iman logró impresionar a muchos y hacerse notar mucho más que otras modelos negras.



Miranda Kerr ignoró esta regla y escogió un vestido negro pero ¡qué vestido! Verla me da mucho gusto porque escogió un Jil Sander, cosa que al parecer nadie hizo. La colección de donde viene este vestido (primavera 09) es maravillosa porque reinventa el minimalismo y lo adaptan a la estética de los años 20. Soy fanático del renacimiento de Jil Sander y ver que una modelo logra apropiarse del look sin verse vulgar me alegra. Este vestido negro, peligrosamente sexy, es una categoría aparte.




Esperaba más de Chanel Iman en cuanto al uso del color. El vestido es bello pero debió haberlo escogido en un estridente color de esos que ama Zac Posen y van con la extrovertida personalidad de la modelo. Si la comparamos con la esposa de David Bowie se ve un poco deslavada.



Quien estuvo a medio camino entre Iman y Chanel Iman fue la modelo Sessilee López, la cual fue de Zac Posen. Se ve bien, domina el look aunque un amarillo o un color coral hubiera resaltado esa perfecta piel. Pero es aceptable.

Otra personita que conoce las virtudes del color es Natalia Vodianova. Quizá no les parezca muy llamativa ni interesante, pero si se fijan en el vestido podrán ver un capítulo interesante en la historia de la moda del siglo XX.



El diseño es de Mariano Fortuny, diseñador activo en las décadas de 1910 y 1920 y célebre por haber experimentado con lo pliegues retomando una técnica que se remonta a la Grecia clásica. Todos los pliegues y frunces que ven en el vestido de Natalia son hechos a mano y el vestido, como mínimo, tiene 80 años, pero ella lo adapta al 2009 perfectamente. Lo escogió deliberadamente porque sólo alguien que conozca la historia de la moda llevaría un vestido tan raro (difícil de conseguir, vamos).



Por cierto, ¿qué sucedió con la representación de Nina Ricci? Los vestidos se hicieron muy aburridos, aunque son lo contrario. El que se salva es el de Bee Shaffer, hija de Anna. Y lo que la ayuda es el color, por que de otro modo se hubiera visto muy ordinario. No agrego más porque no me nace, si no fuera por el tono de azul sería aburrido también (le robé esta foto a Inside Mode, espero me perdone algún día)

En algunas ocasiones las modelos tienen un gran estilo pero no lo notamos. Tal vez esto sea por su discreción o porque vemos que algunas modelos se visten espantosamente y sus errores atraen más nuestra atención, pero las modelos que sí saben de moda permanecen ahí, sin que las veamos.



Jessica Stam es una de ellas. En las galas anteriores se ha vestido increíblemente bien (hace dos años se puso un Dior Haute Couture increíble) y en los eventos importantes podemos ver que tiene estilo y no se va por lo exagerado. Esta vez se puso un Rodarte. Ya saben que detesté la colección por repetitiva, pero este vestido se ve increíble en ella. No sólo está perfectamente trabajado sino que los diversos colores evitan que Jessica se vea pálida y triste. Ella lo combinó perfectamente con unas sandalias y un brazalete de coral.



Alguien en esta gala se tomó el tiempo para retomar el glamour que había perdido después de ganar un Oscar. Lo retomó y fue una de las más espectaculares de la noche. Marion Cotillard, ahora amiguísima de la casa Dior, se vio casi tan espectacular como el día en que fue a recoger su Oscar. El color casi las deslavó pero la actriz solicitó la ayuda del maquillaje y la salvó de ese peligro. Excelente. No hay mucho más que decir.




No voy a destrozar a Madonna. Sí, estoy de acuerdo en que este look de Louis Vuitton combinado se ve terrible, lleva las orejas de conejita con la gracia de un elefante, se le ve el bra, su peinado despeinado desmerece (se veía muy bien hasta hace un año ¿qué sucedió?) pero también digo que lleva con mucha gracia las botas al muslo, el vestido no es del todo feo y está obedeciendo al rol que adoptó desde hace 25 años.

Madonna, la más grande cantante pop del siglo XX, tiene un ego THIS BIG y siempre está buscando el modo de llamar la atención. Antes era con la ropa de segunda mano, el libro Sex, llevar casi a la fuerza a Michael Jackson a los Oscars… Y ahora es esto. Tampoco lo critico, porque su estrategia ha dado resultado y no ha comprometido su dignidad (¿Entendiste, Lindsay?) al hacerlo. No está desesperada porque le hagan caso, porque siempre la buscarían… simplemente es ya parte de su personalidad.



A la que sí me voy a comer es a la Beckham. Al parecer confundió una sábana con su vestido de Marc Jacobs y se lo puso. No sé qué le pasa esta mujer, será muy ícono de la moda para algunos pero en el MET rara vez le atina. Me acuerdo que en 2003 se puso un Dolce & Gabbana que le favorecía en la figura pero la vulgarizaba (de por sí tiende a lo vulgar con el bronceado, los senos de globo y demás). En 2006 estuvo a punto de morir aplastada por un Roland Mouret que pesaba más que ella y el año pasado envejeció súbitamente de 35 a 65. Y ahora… la veo y río. Y vuelvo a reír. No cabe duda que ya está a la baja y ni siquiera lo ha notado. Pobre.



Termino esta selección con Anna, la responsable de esta fantasía nuestra. Se puso un Chanel Haute Couture que es bonito pero hay algo en él que me dice que zzzzz…… Oh, lo siento, chicos, me dormí escribiendo. Para no aburrime decidí robarle la foto con todo y marco a Sebastián alias el Sr. No Juan.

Por cierto, sobre lo de Alaïa: no lo invitaron y no lo mencionaron en la exposición, lo cual causó su justo enojo y la decisión de no fabricar vestidos suyos para la gala. Naomi Campbell, musa y casi su ahijada (le dice Papa) decidió apoyarlo y no fue. Stephanie Seymour y Linda Evangelista tampoco fueron y así el diseñador pudo desquitarse de la grosería de Anna.

Y por cierto, para lo que sientan el título un poco fuera de lugar, es porque así se llama el segundo capítulo de Noticias del Imperio de Fernando del Paso. Tienen que leerlo, es formidable.

PD: necesito ayuda urgente con dos cosas. La primera, alguien quíteme esta canción de la cabeza (si les da flojera picarle el link, se llama Daddy’s Car y es de los Cardigans). La segunda, ¿alguien tiene un CD de PhotoShop que me preste y paciencia para enseñarme lo básico? Por favor.