viernes, 26 de agosto de 2011

How Vogue changed my life parte 1: Kate Moss y el fin de un ciclo

Les he comentado anteriormente que el amor de mi vida como lector son las revistas. He leído decenas de libros y tengo mis favoritos pero una de mis actividades favoritas desde que tenía cinco años ha sido entrar al supermercado y hojear una revista mientras vago por los pasillos.

Tardé mucho en descubrir Vogue, en 2004 y poco a poco comencé a ser seducido por los textos y contenidos de la publicación más importante de moda en el mundo. Sabía que era imprescindible, pero no sabía por qué. Tampoco sabía que me iba adentrando en un bosque, en el cual cada árbol, piedra e incluso estanque (porque hay cosas que apestan en la moda, pero no me detendré en mencionarlas) era nuevo para mí. Creo que apenas he recorrido un camino muy pequeño, pero lo que he visto me ha encantado.

En los últimos meses cambié a la edición estadounidense de Vogue como mi revista de cabecera. Sí, publicaciones como V Magazine y Vogue Italia son mis favoritas en el aspecto visual pero me cuesta trabajo encontrarlas y comprarlas. Por el contrario, Vogue tiene razones prácticas y de contenido por las cuales es mi favorita. Sin temor a equivocarme, creo que el leer la revista me ha educado en algunos aspectos, tanto en sus textos como en su estructura.

Creo que hemos polarizado a Anna Wintour desde las películas, libros y rumores que han salido sobre ella últimamente. Hay personas que la ven como una bruja y otras que la suben en un pedestal. Creo que el gran problema de algunas personas en moda es que, como dice aquél refrán, se concentran en la hoja y se olvidan del bosque entero.

Estoy considerando hacer una serie de posts sobre la obra del staff de Vogue. Por supuesto, sabemos que Anna, Grace y demás luminarias tienen la última palabra, pero recuerden que la industria vive de acciones colectivas. Si conocen a gente que busca ser una mala copia de la idea absolutista de Anna Wintour, sería bueno que les leyeran los créditos de cualquier revista, porque uno de los más grandes méritos de un editor en jefe es saber delegar funciones y crear un equipo saludable. Pero divago.

En estos posts hablaremos del staff pero nos interesará más su obra, el contenido de la revista. No quiero copiar el formato de Las Reinas del Hola que tan dedicadamente hace Gratis Total pero tomé la idea de dedicarnos a un sólo asunto en cada post de Raquel. Vamos a comenzar esta serie con algo personal. Si les gusta, comenten y la continuamos la próxima semana (ya tengo las secuelas planeadas). Si no, no hay problema. 

Hace 2 años compré la Vogue de septiembre por una mezcla de razones prácticas, académicas y porque la quería tener y punto. El haber visto avances del tan celebrado documental me hizo darme cuenta que septiembre era un mes importante para las revistas, no sólo de Condé Nast sino de todo el mundo. Resulta que marzo y septiembre son las fechas oficiales en las que hay cambios de estación, las tiendas se surten y las revistas están listas para entregar las novedades.

Las ediciones de marzo y septiembre son una institución en Vogue. No sólo porque se vuelven enormes y están retacadas de publicidad (esta edición tiene 758 páginas y la mayoría son anuncios, lo cual se traduce en dinero para la revista) sino porque guardan las sorpresas más grandes para esos números.

En una edición estacional pude darme cuenta que la revista ha sabido medir el clima de la temporada, más allá de lo in y lo out (me choca ese reduccionismo en el lenguaje de las revistas de moda), saben que un determinado artículo o portada puede ser icónico. En este caso, el texto sobre la boda de Kate Moss es uno de los principales atractivos de la revista durante este mes.

Para Kate Moss y su generación se acabó una era. Nuestros héroes de los 90 demostraron que no pueden ser jóvenes para siempre. Pero eso no significa que dejen de ser interesantes. Sí, Kate Moss le bajará dos rayitas a sus diversiones pero eso no borra su impresionante carrera y el brillo que siempre tendrá la modelo que hizo girar al mundo desde su aparición en un desfile de Calvin Klein.

Todos hablaron sobre la boda de Kate y quedaron encantados. Fue un evento insuperable y muy auténtico. Y también fue una fiesta de despedida para esa generación, sin dramas ni sufrimiento. Kate, Galliano, Carine Roitfeld, Stella McCartney y hasta Jude Law saben que se han vuelto clásicos y que ya se ganaron a pulso un lugar en la cultura popular y pueden seguir con su vida sin la presión de asombrar a los demás. Su mera existencia es impresionante. Les tocará luchar a otros más jóvenes por la admiración que tienen per se los invitados a esa boda. Mientras tanto, ellos se reunieron para festejar su transición a otro momento en sus vidas. Jamás me compararía con Kate Moss pero estoy seguro que ambos, al igual que muchos, no imaginamos hace dos años que estaríamos en este momento de nuestras vidas.

Al comprar la Vogue en 2009 me di cuenta que estaba abriendo un ciclo, en el cual se vendrían miles de horas de investigación, redacción y disciplina (concepto que me había causado incomodidad en el pasado). Se cruzaron muchas cosas: desde la persona que me rompió el corazón hasta el volverme existencialista amateur, clases de fotografía y el ocasional comentario malicioso de "¿Todavía no la acabas?". En algún momento creí que siempre me quedaría escribiéndola toda la vida. Y no sucedió de ese modo.

Me aterra continuar con esta parte del post. Me cuesta un poco de trabajo bloggear sobre todo lo que pasé al escribir y abandonar por ratos mi tesis. Estoy seguro de que no siempre fue una experiencia placentera y que a muchas personas de mi generación les va increíblemente en empleos bien pagados sin que se preocupen de la tesis pero también he aprendido que no podemos vivir de acuerdo con los estándares de otros y que hay que olvidarnos de complacer a los demás en todo porque es nuestra vida y punto.

Mientras tanto, un descanso visual: Encuentre usted el error en la conmovedora imagen 

Este ciclo no ha sido siempre agradable pero esos malos ratos me ayudaron a deshacerme de dogmas que traía cargando para buscar hacer las cosas de un modo distinto. En todo este periodo no he hecho más que aprender y, paralelamente, recibir cosas muy buenas que le han dado sabor a mi presente.

También me preocupa cerrar esta parte cuando aún faltan cosas para el cierre pero me puedo relajar porque el camino se me hizo increíblemente largo y tan lleno de enseñanzas que me cuesta trabajo describirlo. Pero el hacer una entrada al respecto sin disparar issues es una buena señal. Y si hay algo que he apreciado en estos momentos es la sinceridad, de los demás y de uno mismo.

Ayer compré la Vogue de Kate Moss, después de cazarla durante días en el proveedor de revistas oficial en el DF. Cuando por fin la tuve en mis manos y me la llevé, me di cuenta que había llegado al fin de ese ciclo y que debo empezar uno nuevo. Estoy dispuesto a tener un periodo menos complicado. Después de todo, uno aprende de todo, hasta de las revistas de moda.

lunes, 15 de agosto de 2011

“Murió Hélène Rochas y no los veo lamentándose por ello” “¿Y quién es esa?”

La susodicha retratada por Andy Warhol

Hoy desperté con la noticia de que el 6 de agosto había muerto Hélène Rochas sin que se hiciera una gran repercusión más que una nota de agencia –sobre su funeral- desperdigada por algunos sitios web. Es una pena, ya que una de las mujeres más inteligentes en la industria de la moda no ha dejado una gran huella en las personas, ni por su elegancia ni por el papel que representó en su tiempo.

¿Cuál es la importancia de Hélène Rochas? Simple: era la última de una generación llena de mujeres emprendedoras e inteligentes, las cuales crearon (o en su caso), conservaron marcas de la nada. Junto con las tres superestrellas de los cosméticos (Estée Lauder, Helena Rubinstein y Elizabeth Arden), fue el antecedente de las ejecutivas de los ochenta.

No hay mucha información sobre ella: sabemos que nació en 1927, hija de un héroe de la guerra y de la primer dentista de Francia y que entró a este negocio por casualidad: iba de camino a sus clases de actuación cuando se encontró en el metro a Marcel Rochas. Es como si en el autobús me sentara junto a Phoebe Philo.

Era 1942, un año difícil para Francia por la ocupación alemana y para la industria porque casi todas las casas de renombre estaban fuera de combate. Pero Rochas no era una de ellas y seguía teniendo éxito a pesar de las carencias que la guerra provocó en toda Europa.

De las creaciones de Marcel Rochas hablaremos con detalle en otro momento, sólo diremos que para ese tiempo la casa era muy exitosa y sus vestidos eran usados por todas las mujeres ricas preocupadas por seguir manteniendo un bonito guardarropa en la guerra.

Marcel Rochas vio algo en la chica del metro (quien en ese momento tenía quince años y estudiaba en la Ópera de París) y la invitó a modelar sombreros. Dos años después se casó con ella y la transformó en una mujer sofisticada que se volvería la imagen de la marca a su muerte, en 1955.

Sin la presencia de la señora Rochas, la marca de su marido estaría ahora tan olvidada como las casas que florecieron en la posguerra y no llegaron a nada. Sólo sería un bonito recuerdo. Ella tomó las riendas de la marca y la mantuvo a flote con una división que ya en ese entonces resultaba exitosa: las fragancias.

La adición de fragancias fue idea de Hélène y comenzó cuando Marcel aún estaba vivo. El primer perfume: Femme, fue creado en su honor. En los cincuenta y sesenta lanzaría otras fragancias pero su más grande éxito sería Madame Rochas.

Una de las lecciones más valiosas que esta mujer dio a la industria de la moda es la de ser imagen de la marca y personificar el estilo de vida que promovía. Chanel había hecho algo parecido en los años 20 pero lo abandonó después de la guerra. Hélène Rochas se convirtió en la mujer hermosa y distinguida que los diseños y perfumes de su marca evocaban. Es algo como lo que han hecho Valentino y Roberto Cavalli.

Incluso los perfumes mantenían esa imagen de elegancia, con un empaque rosa y un moño de encaje negro, una continuación del “aire de fragilidad” que, según la señora Rochas, todas las mujeres debían poseer. Es irónico que una mujer como ella no hubiera abrazado el feminismo.

Curiosamente, la actitud de Hélène la salvó de ser sólo una belleza más de los años 40: su estilo fue evolucionando con el tiempo y, si bien se volvió conservadora y aseñorada en los últimos veinte años, logró llegar a esa atemporalidad que muchas buscan pero jamás logran. No creerían que la mujer de la tiara tenía 72 años al momento de la foto ¿verdad?

Madame Rochas en 1999

En 1970 vendió la marca a Roussel-Uclaf, una compañía química, por 40 millones de dólares. Cabe destacar que en ese tiempo era una cantidad mucho más grande de lo que es ahora (Si no me creen, vean la escena Austin Powers en la que el Dr. Evil pide un millón de dólares por no destruir el mundo). Sin Hélène, la firma fue perdiendo fuerza, al punto en que 1980 estaba de regreso como consultora. Poco a poco Rochas fue cambiando de manos hasta que llegó a Wella, quien reabrió la división de moda, y posteriormente a Procter & Gamble.

Ustedes saben qué le sucedió a la marca en 2003: revivió de la mano de Olivier Theyskens, quien la convirtió en un objeto del deseo colectivo para socialités, editoras de revistas y fans del buen diseño por igual. El diseñador belga se inspiró en los archivos de la marca y la elegancia de Hélène, mientras le daba aire fresco a la marca.

Para entonces Hélène Rochas se había vuelto amiga de Yves Saint Laurent y vestía sus diseños, mientras se alejaba discretamente de la escena. Ahora ha muerto la mujer que mantuvo viva a una marca durante años y sirvió de inspiración para otras mujeres de negocios.

Hago un paréntesis porque me complace informarles que gané el concurso de Delitos y Faldas de Eugenia de la Torriente, mi periodista de moda favorita en español. Me gané las fotos de la colección de otoño de Givenchy Haute Couture. Les pongo el respectivo link y aprovecho para agradecer a Eugenia y a El País por la oportunidad. No saben lo que significa para mí.

jueves, 11 de agosto de 2011

Fashion’s Night Out, parte 1: El prólogo.

¿Cuál era tu objetivo al abrir este blog? Es una de las preguntas que me hacen de vez en cuando. Sinceramente, no tenía más que uno: hablar de lo que me gusta. Y en el camino la he pasado bien, posteo con menos frecuencia de la que quisiera, pero aún así sigo disfrutando lo que hago. He conocido personas increíbles y he aprendido muchas cosas de ustedes, lectores, y de la industria de la moda. Nada mal para un chico obsesionado con las revistas.

A pesar de eso, en ocasiones me pregunto si escribir vale la pena. Leía con mucha tristeza los comentarios de Vanessa Buendía, una periodista que trabaja en la BBC, desacreditando a los bloggers que valientemente informan de la situación en Londres. Y por desgracia, allá afuera la gente tiene el mismo prejuicio. No tengo nada más qué decir sobre esta mujer ni sus declaraciones, aunque es curioso que una piedra duela más cuando un colega la avienta. En fin.

Hace un par de semanas seguía desconectado de internet, solucionando asuntos internos y externos, hasta que el ver de nuevo a mis amigos de los blogs me devolvió la inspiración. Muchos de nosotros logramos un contacto con la industria, ya sea estudiando o trabajando cosas relacionadas con moda. Yo sigo recordando con mucho cariño al staff de Eve, del cual formé parte el año pasado. Fuera de eso, vivimos nuestros días reproduciendo contenidos de diseñadores y revistas especializadas.

Por eso no pude ocultar mi emoción cuando fui invitado por Vogue México y Latinoamérica a un evento con relación a Fashion’s Night Out.

¿Cuál es el objetivo global de Fashion’s Night Out? Regresarle lo divertido a comprar o ir a ver aparadores. Nos encanta comprar pero en ocasiones el surtido o los vendedores nos intimidan. ¿Y saben qué? Eso tiene que parar. Ya, ahora mismo. Porque como consumidores tenemos un gran poder sobre las tiendas.

La industria tiene tanto para ofrecernos que debemos ejercer nuestro derecho a elegir. Y no sé ustedes, pero desde hace mucho elegí ir a las tiendas, ver cosas que me gustan, y comprar cuando me enamoro locamente de algo y siento que no puedo vivir sin él (Las compras son tan parecidas al amor, ¿no creen?).

¿Qué va a haber en Fashion’s Night Out? Desde portadas de Vogue de los 30 hasta sesiones de fotos, más la presencia del staff en las tiendas que se sumaron a la causa. Y, se han integrado distintos centros comerciales en la ciudad para que podamos ir a donde queramos. No les puedo adelantar mucho por el momento pero el saber que las editoras de Vogue van a estar en todos los puntos donde se realice esta fiesta me llena de felicidad, porque es la mejor forma de que ustedes, lectores, y ellas, se conozcan y compartan impresiones.

¿Cuándo va a ser Fashion’s Night Out? El jueves 8 de septiembre.

¿Dónde pueden encontrar más información? En su sitio web http://fno.vogue.mx

¿Les preguntaste algo? Sí, ya saben que soy preguntón por naturaleza. Como ya conocen mi obsesión con los años 60, pedí que pusieran portadas de la época de Diana Vreeland, lo cual no será posible esta vez. Pregunté si podían gestionar la apertura de alguna red especial para el evento y trabajarán en ello. Asimismo, pregunté si había algo que no les gustaba de los blogs que habían leído Eva Hughes me respondió que los ataques personales le parecían fuera de lugar. Habiendo atestiguado ya peleas en redes sociales en las que ese criterio parece ser el único, estoy de acuerdo.

Por otro lado, estoy contento de que hayan leído algunas sugerencias que hemos dado en nuestros blogs y cuentas de Twitter, porque el conocer otros puntos de vista siempre es benéfico para lo que estemos haciendo.

¿Tuviste un momento fan? Sí, con Eva, José Forteza, Arianna Becerra y el resto del staff que conocí y más cuando me contaron que me han leído. Fue una gran motivación y llegó en un momento en el que no estaba esperando mucho del presente. La invitación de Vogue es una de las recompensas más grandes que he tenido con este blog y estoy muy agradecido con ellos y con mis amigos de los blogs, a quienes siempre me da gusto ver.

Les dejo la foto del recuerdo y el teaser de Fashion’s Night Out, ambas imágenes cortesía de Gaby de Moda Capital. ¿Listos para unirse a Nueva York, París, Madrid y otras ciudades? Yo sí, y sobra decir que estoy emocionado.

domingo, 31 de julio de 2011

Hola, Voguepedia

Cuando estaba redactando mi tesis, soñaba con un lugar a mi alcance donde pudiera encontrar información de primera mano sobre cosas específicas de moda. Es cierto que hay libros muy puntuales y llenos de datos, pero estaban lejos de mi alcance. Al final, esas carencias me ayudaron a investigar aún más y buscar información sólida, por lo que terminé satisfecho del resultado final.

Pueden imaginar mi sorpresa cuando leí en la última edición de Vogue el lanzamiento de Voguepedia, un proyecto en el que se hace una recopilación de entradas sobre modelos, diseñadores y marcas que han aparecido en la revista más importante de la industria editorial en Estados Unidos y el mundo.

El proyecto, auspiciado por Michael Kors, se inauguró hace unos días. Yo me enteré anoche y me di a la tarea de revisar el sitio. De inicio, la idea me pareció sensacional, porque puede ayudar a que los internautas conozcan más sobre la gente que ha llenado durante años la revista. Y, por más que se critique a Wikipedia, ¿No les parece interesante la idea de trasladar ese concepto a moda?

Las enciclopedias son maravillosas. Yo tengo que acreditar mi amor a la lectura y el conocimiento de muchas cosas a una vieja enciclopedia que mi mamá compró a mediados de los ochenta para que sus hijos aprendieran sobre el mundo. Al final, sólo nací yo y terminé venerando esa enciclopedia. La conservo aún y, por más obsoleta que sea (fue impresa cuando la URSS aún existía, imagínense), me niego a deshacerme de ella.

Con todo esto en mente, entré a Voguepedia.com para ver al que parecía ser el sitio web de mis sueños. Comencé probándolo con alguien que ha aparecido en todos los libros de historia de la moda en el siglo XX: Tom Ford. Conozco muy pocas personas que detesten a Ford y su periodo en Gucci e incluso en Yves Saint Laurent. Anna Wintour lo ama y muchos de nosotros también.

Encontré un apartado sobre Frida Giannini, otro sobre Marc Jacobs (el cual acredito al tiempo en el que él y Ford trabajaron en Perry Ellis), entradas sobre Natalia Vodianova y Christopher Bailey… pero nada sobre Ford. Curiosamente, el buscador del sitio me incluyó resultados sobre empleados y descubrimientos del antiguo diseñador de Gucci pero nada sobre él.

Alzando una ceja por ese experimento, busqué otro nombre insustituible en Vogue y la industria de la moda: Karl Lagerfeld. Obtuve un resultado similar, pero el detalle gracioso fue la aparición de su enemiga Stella McCartney en los perfiles. Para Voguepedia, el odio (unilateral en el caso del tío Karl) también cuenta como relación.

Kate Moss sí aparece en Voguepedia.

Me fui entonces a la entrada de Kors, quien auspició la idea. Tal y como lo esperaba, la cobertura fue completa, con una cronología integral de sus más grandes éxitos. Y, sinceramente, pensé que a Voguepedia le faltaba crear y completar varios apartados para convertirse en la fuente de información oficial sobre moda más importante de la red.

Entonces pensé en Wikipedia y en la tan famosa Enciclopedia creada por Diderot (y muchos otros) antes de la Revolución Francesa. Ambas reúnen todo el conocimiento posible de su tiempo, aunque tienen un gran margen de error. Y, más importante, ambas son un trabajo colectivo: Wikipedia fue más allá porque cualquiera puede contribuir a ella, tanto en la redacción como en la corrección de apartados.

Y sobre todo, por una tercera razón: la creación de enciclopedias es larga y penosa. La francesa tardó 25 años y aún hoy, con todas las facilidades que tenemos, es problemático recolectar y organizar la información. Por lo que, como un primer intento, Voguepedia queda bastante bien para mí.

Punto para Voguepedia por incluir a uno de los mejores maquillistas que haya pisado esta tierra.

Curiosamente, su creación no fue muy celebrada en los medios. La noticia apareció en mayo, sin una reacción entusiasta del público. Y lo que es peor, la página de Facebook del sitio no supera los 150 seguidores. En términos de internet esto es un fracaso.

…y a la vez no. No necesitamos pagar ni un solo dólar para acceder a ella y está libre de publicidad. El diseño del sitio es muy amigable, aunque el registro funciona mal en Chrome e Internet Explorer. Las imágenes y las letras tienen un tamaño perfecto para ser vistas, lo cual no resulta pesado al leer los apartados. Y tiene el respaldo de la revista, lo que la convierte en una fuente seria y libre de especulaciones.

Aún así fue imposible registrarme, lo cual es una llamada de atención a los programadores de la página. Ojalá descubran ese error y lo cambien, así como el detalle de las entradas de Tom Ford y Karl Lagerfeld, entre otras marcas y personajes importantes para Vogue y la industria de la moda.

Estamos en un mundo de proyectos incumplidos, por lo que la creación de una enciclopedia digital de la moda, gratuita y bien fundamentada, cubre una necesidad muy grande en internet: conocimiento real sobre un tema que nos apasiona y sobre el que abundan los datos erróneos. La idea de Vogue es grandiosa y, aunque su ejecución no es perfecta, comienza bien. Esperemos que siga en ese camino.

domingo, 26 de junio de 2011

Viajes, hoteles, relaciones fraternales y regresos inesperados

He vuelto.

Estuve fuera un cierto tiempo y creo que estuve perdido en el mundo de allá afuera, tan vacío de estos conceptos que ustedes y yo manejamos bien.

Tal vez por eso sienta nostalgia de los viajes y los hoteles.

Verán, durante estos últimos días han cambiado tantas cosas que el transcribirlas aquí parecería una mala imitación de una serie televisiva estadounidense. Pero podemos aducir a ella al final.

Dado que he tenido que enfrentar muchos cambios, pensé en romper el hielo con ustedes con el tema que más nos gusta. Pensé en un tema actual, interesante, fresco, y lo suficientemente breve como para que podamos platicarlo. Y mi en mi cabeza sonó ese tintineo, como el de una campanilla en un hotel elegante.

Los hoteles.

Después de toda la polémica de la pasada semana de la moda, en la que un escándalo mayúsculo se tragó a la colección de otoño de Prada, la de McQ dirigido por Sarah Burton y las nuevas imaginaciones de Karl Lagerfeld en Chanel, ya no quedaba nada por decir. Todos los ojos estaban puestos en Dior. ¿Y si esta temporada viera uno de los desfiles más perfectos e impresionantes que haya visto en mi vida?

Marc Jacobs hace desfiles memorables y exitosos. Siempre está tomando inspiración del pasado y del presente para vender prendas frescas e interesantes. Cada temporada es un ensayo distinto, con una argumentación, una opinión y una buena dosis de citas bibliográficas. Imagínense que transcribiéramos lo que realmente está pensando Marc al crear.

Piensen bien en un desfile con una marcada (pero no calcada) referencia cultural. Piensen en una soundtrack cortado a la medida y un escenario impresionante, piensen en ropa bonita y en algo más que un perfecto cashmere lleno de logos, sino en ideas y conjuntos que van bien si se usan con otra cosa.

Este desfile es perfecto porque incluye todo eso.

(Y tiene a Kate Moss. Desfilando. La celulitis, ¿qué?)

Alguien, supuestamente muy versado en el tema, me dijo que se basaba en Gran Hotel. Y yo, junto con el resto de la prensa, pensé que se basaba en Portero de Noche, la escandalosa película que estableció el mito de Charlotte Rampling (película que está en una muy larga lista de pendientes audiovisuales). Pero todos nos equivocamos.

Este desfile está evocando algo de ambas cosas, pero es tan discreto e ilegible que llega a confundir. No es obvio. Y quizá eso debería ser una lección para los diseñadores: nunca obvien las referencias culturales de sus colecciones.

El Señor Quinquillero dice que la mujer Vuitton cambia a cada temporada y tiene razón. Es el inconsciente de Marc: pensamientos, miedos y obsesiones mezclados con monogramas y un público un poco más exigente que el de su propia marca. Pero, además de eso, la mujer Vuitton es una hermana menor y más distinguida de la mujer Marc Jacobs, porque él se autorreferencia durante cada temporada.

¿Lo dudan?

Louis Vuitton Fall 2008 Ready-to-Wear

Louis Vuitton, otoño 2008

Marc Jacobs Fall 2008 Ready-to-Wear

Marc Jacobs, otoño 2008

Marc Jacobs Spring 2010 Ready-to-Wear

Marc Jacobs, primavera 2010

Louis Vuitton Spring 2010 Ready-to-Wear

Louis Vuitton, primavera 2010

Naturalmente, las dos hermanas tienen intereses diferentes. Así pasa con todos los lazos fraternales. Yo no tengo hermanos pero lo he visto: cada uno, por más unidos que estén y más aficiones que compartan, viven en un mundo diferente.

¿Qué hay en el mundo de la mujer Louis Vuitton?

Veo política, sexo y dinero, los tres principales motores del mundo. Veo una historia oscura maquillada por el lujo de una bolsa con decenas de LV. Veo un periodo difícil en la historia de Europa y un grupo de personas que ha aprendido del pasado.

Seré breve: Si recuerdan sus libros de historia, el periodo entre las dos guerras mundiales estuvo lleno de tensiones políticas y crímenes en Europa. Antes y durante la guerra, muchas personas sabían lo que estaba pasando con los nazis pero decidieron mirar hacia otro lado. Aún hoy, es un tema espinoso.

El escándalo de Galliano (y el que acaba de suceder en Cannes con Lars Von Trier) no hizo más que revivir ese momento del siglo XX que se ha repetido en muchos otros contextos que no vienen al caso. Digamos que al hablar de eso, estamos enfrentando los miedos de los padres y abuelos de la gente que vive allá.

Marc ha estado pensando en los 30 para esta temporada, así como el resto del mundo de la moda. Algunas prendas se parece mucho a las de su colección de Nueva York, pero están sumergidas en el contexto ya mencionado. Las mujeres Marc Jacobs son un coctel de mujeres trabajadoras de los 30 mezclados con las heroínas de las novelas de Edith Wharton. Las de Marc están lidiando con un momento delicado de la historia, pero con otros materiales como el plástico.

Cuando reintepretamos algo, conocemos sus virtudes y defectos pero podemos sacar una versión mejorada de nuestro punto de partida. Por eso, podemos aprender del pasado, para no cometer los mismos errores y presentar versiones mejoradas de hechos y prendas.

El sexo y el sadomasoquismo de Portero de Noche están ahí, pero no son tan invasivos. Sí se aparecen los mitos eróticos como las mucamas sensuales pero el escenario y la dramática música de Philip Glass imponen más. Creo que muy pocas veces he estado ante un desfile tan coherente.

No sé si sea un desfile memorable para todos pero se merece un lugar especial en la historia de la década y en el CV de Marc.

 

He vuelto, hora de hacer check-in por acá.

Les cuento de forma breve: por fin acabé mi tesis, Ahorita sigue una larga fila de trámites y esperar. Creo que valió la pena dedicar dos años a redactarla y todo eso porque quedó bien y me esforcé porque quedara de ese modo. Y fuera de eso, pasaron otras cosas, pero ya les contaré más en los comentarios.

miércoles, 1 de junio de 2011

¿Por qué no… bailas el foxtrot en tus Quince Años?

Admitámoslo, esa fiesta tiene algo de irresistible. Sí, muchas veces es kitsch y ahora muchas festejadas prefieren un auto o un viaje en vez de disfrazarse de una mala copia de la Emperatriz Eugenia o exponerse a ser defraudadas por alguien que les prometa el vestido más hermoso del mundo... y les entregue una porquería, como pasa con algunos diseñadores mexicanos. Y a pesar de ello, en México y Latinoamérica siguen siendo especiales en algunos sectores.

Resultaría curioso averiguar de dónde surgió la estética decimonónica de las fiestas de Quince Años; si alguien tiene el dato más o menos exacto, déjelo en los comentarios. En alguna ocasión que platiqué con mi mamá sobre eso, me comentó que en su tiempo el dress code era formal pero no exagerado. Sí había crinolinas y guantes pero los tacones eran cómodos y las festejadas podían bailar a sus anchas. Más bien era el momento en que las chicas comenzabas a vestirse como adultas,

También debemos admitir que a muchas quinceañeras les agrada la idea de la fiesta pero están un poco hartas de los clichés. Pero no necesitan valsear o aventarse una coreografía difícil y empalagosa cuando pueden hacer algo tan sencillo y elegante como el foxtrot.

Este baile se inventó en 1914 por Harry Fox (de ahí el nombre) y durante los siguientes diez o quince años se volvió un favorito del público. Sí, no es un baile particularmente moderno pero si lo ven desde este ángulo, es más contemporáneo que el vals.

Los responsables principales de su popularización fueron Vernon e Irene Castle (aparecen en la foto que abre este post), los cuales vivían de bailar en cafés de París y Nueva York, espectáculos musicales y dando lecciones privadas que en ocasiones costaban miles de dólares (una gran fortuna para ese tiempo).

Irene y Vernon Castle no sólo pusieron de moda los bailes como el tango y el mencionado foxtrot, también tenían una gran química y un estilo incomparable. Irene fue nombrada la mujer más elegante de Estados Unidos por sus atuendos frescos, y sencillos, algo muy diferente para su tiempo. Cuando busqué algunas imágenes suyas quedé sorprendido porque algunos de sus vestidos se ven aún actuales, aunque hayan pasado miles de tendencias y más de 90 años.

¿A alguien más se le ocurre acortar el largo del vestido para una quinceañera?

El foxtrot es relativamente sencillo. Aquí pueden ver un video de los 20 donde se ve en acción.

 

En momentos como estos deberíamos agradecer a YouTube y sus usuarios que dejan joyitas como estas.

Y ya que estamos con la idea de bailar foxtrot, también pueden optar por un vestido corto estilo años 20 para la fiesta. Olvídense de crinolinas, tacones altos y telas tornasol, esto al final resulta más cómodo y juvenil que un vestido de baile. Después de todo, los 15 años son para celebrar la juventud.

(Alberta Ferretti, primavera 2009. Yo escogería el de la derecha)

Ustedes añadan y quiten detalles. Usen su imaginación para hacerlo parecer más actual. Atrévanse a romper con los códigos si estos no les gustan.

Por cierto, les comento que fui invitado por los chicos de CoolhunterMx a escribir una columna. Durante tres semanas me podrán leer ahí. Les dejo la primera columna y la segunda. Muchas gracias por sus visitas y comentarios.

sábado, 21 de mayo de 2011

¿Por qué no… usas una canasta como bolso?

En estos días se está revalorando a Jane Birkin como ícono del estilo. La musa de Serge Gaisnbourg y madre de la igualmente encantadora Charlotte tiene un estilo muy llamativo pero libre de complicaciones. Jamás se inclinó demasiado hacia la formalidad, prefirieron artículos que le ayudaran a sobrellevar su vida diaria en los setenta.

Birkin fue una visionaria porque mezclaba prendas y accesorios caros con otros más modestos, algo que se pondría de moda varios años después. Sus preferencias como las sandalias de tiras, los estampados y las transparencias son recreadas en la pasarela de cuando en cuando. Podemos ver un estilo típicamente Birkin en el desfile de Emilio Pucci:

 

Mucho antes de la invención del bolso que lleva su nombre, Jane Birkin ya había hecho historia con su inseparable canasta, en la que podía traer desde una cajetilla de cigarros hasta a la más pequeña de sus hijas (dependiendo del tamaño de su canasta, claro está) mientras caminaba por las calles de París en los relajados setenta.

 

 

Este accesorio es perfecto para los días de calor que estamos experimentando y además de ser resistente es ligero. El mismo tamaño del canasto impide que se sobrecargue, algo que no siempre se puede evitar con los bolsos ordinarios. Si bien es cierto que no va con todo, es sencillo combinarlo porque va bien con camisetas y jeans o prendas de la estación. Un vestido estampado y unas sandalias lo hacen perfecto para llevarlo a la playa o por la ciudad.

En todos lados proliferan los bolsos con colores feos y texturas escandalosas, los cuales suelen vulgarizar un atuendo. Una canasta es una opción inusual, fresca y mucho más  interesante.