martes, 7 de agosto de 2012

Feeling so Bohemian Like You

A lo mejor ustedes nunca ha tenido ganas de tirar toda su ropa y resdescubrir una etapa que no vivieron pero a mí me acaba de pasar con lo bohemio mientras estaba tomando un curso en el que me requerían verme presentable (léase, no usar mi uniforme de camisetas, jeans y tenis todos los días).
Fue una experiencia fabulosa y en sí no tuve conflictos de identidad con el código formal pero la falta de costumbre hacía que la corbata me asfixiara, los zapatos (un par de oxfords negros que compré para mi titulación) me cansaban y el ajuste de un traje verde que me heredaron me obligaba a adoptar posturas un poco incómodas, entonces terminaba un poco agobiado por el vestuario.
Y me encontré de repente deseando usar sandalias, un pantalón amplio de lino y una guayabera que me regaló Adrián de Looks for Love.
Nunca fui hippie. Lo juro. Ni en mis épocas de mayor rebeldía adolescente pensé en tocar la guitarra, usar collares con chalecos de cuero y gorros rastafaris. Simplemente no era lo mío y he tenido muy buenos amigos pasados y presentes que gustan (o gustaron) de toda esa onda pero jamás me llamó la atención.
Lo que sí me ha parecido fascinante desde hace un tiempo es el estilo marroquí. Desde la casa de Paloma Picasso hasta la decadencia que vivieron Talitha Getty y su marido ultramillonario se han convertido en referentes de un lugar al que debo ir lo antes posible.
Y como un hilo suelto en un tejido, se fueron desencadenando varias ideas sobre vestirme como varios tipos de bohemio que han existido. Pero no me refiero al boho chic de hace unos años, olviden a Jude Law y Sienna Miller caminando por Londres de la mano como si recién llegaran de Woodstock.
Ahora mismo tienen una imagen mental del bohemianism que se ha popularizado, pero ese concepto ha cambiado con el paso de los años. En el siglo XIX eran señores de pelo largo y reacciones un poco dramáticas, luego llegaron los fans del Lejano Oriente y después gente como Klimt se inventó una bohemia en plena época de corsets y encajes. Supongo que parte de la herencia cultural de los 60 es esa imagen mental que les señalé.
Y se me ocurrió dividir mis estilos favoritos en cinco etapas, empezando por lo más obvio y moviéndome a otras situaciones que me han intrigado y forman parte del concepto que quiero abrazar en estos días.
1.- Marrakesh Express
Me parece el más extremo y difícil de imitar, porque muchas de las cosas que necesitaría están del otro lado del mundo, pero me sentiría muy contento caminando por ahí vestido con algo ultra cómodo y acorde con mi fase marroquí.
No conozco muchas personas que anden por ahí inspiradas en Marruecos, así que me basaría en los Getty, quienes la pasaron maravillosamente en el Marrakesh de los 60.
 
-Una djellaba (caftán para hombre): Esto es muy extremo para muchas personas que andan por la vida con jeans y camisetas, pero son muy cómodos y se ven lindos (así que por favor, luchen por que no se usen con leggings o versiones obscenamente cortas y demás atrocidades).
Tuvieron su momento en 2007 pero es muy raro que un hombre los traiga, aunque en Marruecos son tradicionales (el nombre correcto es djellaba y es muchísimo más sobrio que los caftanes que conocemos. Quiero uno de esos).
-O una túnica: Esto es menos extremo y más fácil de localizar
-Unos pantalones de lino: para combinar con la djellaba o la túnica
-Unas sandalias: Las babuchas son muy lindas (hay una tienda en Polanco que las vende) pero mis pies no están diseñados para zapatos muy planos, así que no las aguantaría. Unas sandalias me harían caminar mejor.
-Un bolso mensajero de piel
2.- Hippie comeflores mexicoamericano (que a su vez es medio hipster)
Hubo una explosión el otoño pasado de estampados Navajo, sobre todo en Proenza Schouler, pero la idea de plumas, trenzas y pintura facial es un poco extrema para mí, así que se me ocurrió combinarla con influencias del sureste mexicano, ésas que tanto han fascinado a Matthew Williamson y a Sophie Arbou de Paul & Joe (Por cierto, vino Matthew a Elle México Diseña y en ningún momento leí o vi que le preguntaran sobre su fascinación con Chiapas y Yucatán, ¿eh? Muy mal).
Cuando iba a la universidad veía muchos estudiantes, maestros y demás vestidos de este modo; El problema es que lo sobrecargaban y terminaban viéndose más como una curiosidad que como un homenaje al folclor.
No me malinterpreten, me gusta mucho la ropa mexicana y admiro que estén haciendo de eso una postura de orgullo a nuestras tradiciones (del mismo modo en que Dolores Olmedo lo hizo durante toda su vida), pero éste es el giro que yo le daría a ese estilo.
-Una guayabera: Es una de las prendas más cómodas y elegantes que puede haber y de inmediato puede mejorar un atuendo. Si algo es aceptado para una boda de verano, se puede usar con casi todo.
-O una camisa bordada: Más informal pero también muy cómoda. Acá se debe manejar con cuidado porque existen algunos modelos de gusto cuestionable.
-Un pantalón de lino
-O jeans, para balancear el atuendo.
-Una larga bufanda roja (para usarla como cinturón)
-O un cinturón de cuero trenzado y motivos geométricos: sigue siendo hippie comeflores y se puede usar sin que los demás componentes del atuendo compitan con él.
-Sandalias de Oaxaca: son imprescindibles. Me compré unas cuando fui hace un par de años y lo único malo que les encontré es que el acabado me cortaba los talones, pero lo pude solucionar y desde entonces no las suelto en tiempo de calor
-Unos mocasines Minnetonka: llegaron a mis manos unos preciosos, forrados en piel de conejo y con bordados, pero los tuve que donar porque eran de bebé.
-Un bolso mensajero con muchos flecos: Los flecos son una trampa estilística, porque es muy sencillo que se salgan de control y te hagan parecer ranchero de Montana (por eso las chamarras del oeste son un faux pas épico, a menos que las use alguien como Sienna Miller o el cantante de The Killers). Pero una hilera discreta en un accesorio los hace ver bien.
-...O un bolso mensajero beige o de mezclilla: yo tuve uno y funcionaba bastante bien con casi todo. Si es beige tiene la ventaja de no ser demasiado literal.
-Una bufanda, estampada o no, de flecos: Son un toque muy discreto por si no quieres tomar riesgos
-Si refresca, un viejo abrigo del ejército, debidamente alterado: El problema más grande con lo vintage son las tallas, seguido de las condiciones de la ropa. Pero si se manda a un sastre, se le quitan todas las insignias y se pinta de nuevo, va bastante bien con la idea y resguarda contra frío y lluvia.
-o un cardigan de alpaca sin estampados: son muy lindos pero la lana pica tremendamente. Suerte con ella.
Y como plus, un atrapasueños en un collar, de tamaño discreto y con un par de plumas.
3.- Sur de Francia: Éste es sencillo y ya lo he imitado más de una vez, sobre todo en primavera, cuando la ciudad es deliciosa para ir caminando por ahí con toda la frescura que te puede dar un atuendo inspirado en las vacaciones en la Riviera Francesa.
bohemian chic for men
¿En quién me inspiro? No les podría decir "Alain Delon en Cannes" porque nunca he visto una película suya, así que me iré con esa imagen pop del hombre despreocupado que pasa de la ostentación de los yates y se va caminando a todos lados aprovechando el sol y el buen clima que suelen darse en la Provenza y la Côte d'Azur.
-Una camisa azul claro, de manga corta
-Unos pantalones beige
-Alpargatas: me trajeron unas de España y debo decir que son unos de los zapatos más cómodos que he usado. Son suaves y dejan que el pie respire, entonces no me cansaré de usarlos mientras haga calor.
 
-Unos lentes de sol clásicos: en mi caso, tengo unos Ray Ban de los 60 o 70 que encontré en un cajón y no suelto en los días de calor.
 
-Una fedora de paja: compré una en Oaxaca y vivimos muy felices durante varios meses, hasta que una mañana el viento me la arrebató y la fue a colocar directamente bajo las ruedas del Metrobus.
-Si refresca, un suéter de rayas marineras. Ahora que ya no están de moda pueden usarse sin problemas.
Como plus, una fragancia cítrica (hay una con notas de toronja de Hermès que me fascina, me parece que se llama Pamplemousse), una bicicleta, una réflex viejita y una cajetilla de cigarros sin filtro. Y, por supuesto, una playlist con bossa nova y Michel Legrand.
4.- Bloomsbury meets Swinging London
¿Qué puedo decir de Mick Jagger que no se haya dicho antes? Rompió todas las reglas posibles de su tiempo viéndose impecable y eso ya es un logro per se. Él y sus amigos (Brian Jones, Keith Richards, Hendrix, David Bailey y demás) siguen siendo referente para los fans del rock.
Pero Inglaterra también adora a los bohemios y excéntricos, tanto que los prerrafaelistas (los hippies del siglo XIX) nacieron ahí, y se desarrollaron grupos como Bloomsbury, en el cual estuvieron Virginia Woolf y otros grandes personajes, entonces se me ocurrió mezclar un poco ambas ideas. Es un estilo que han seguido los chicos de Etro durante muchas temporadas y les funciona.
Hace tiempo vi una editorial de Vogue con Dhani Harrison (hijo de George) y Sasha Pivovarova y se volvió una de mis referencias favoritas para el look de hippie burgués en invierno.
-Un traje de terciopelo: No hay nadie que pudiera usarlo mejor que Jagger pero aún ahora, y aunque no lo recomiende GQ, se puede usar junto o por separado con los accesorios correctos. Yo buscaría un corte ajustado y me olvidaría de esas horribles camisas de escarolas que utilizaban en la época. Las chicas se ven mejor con ellas.
-Una bufanda con estampado paisley: Tengo que admitir que no es mi estampado favorito pero fue el favorito de los chicos de entonces, así que un poco no quedaría mal en un atuendo
-Una camisa morada o con detalles interesantes: La gran ventaja de Jagger sobre otras personas de su tiempo es que conocía su cuerpo a la perfección, y esto le daba pie a experimentar con lo que quisiera sin olvidar su complexión. Las camisas de colores y con puños contrastantes le iban fantásicamente y tomaría eso de él para mi atuendo ideal.
-Un abrigo de lana de Mongolia: Los Stones tuvieron un momento de usar pieles y en general son las favoritas de los bohemios, lo cual no es muy eco-friendly que digamos.
Sin embargo, la lana de Mongolia parece ser más amigable para los que odian las pieles de animales y un abrigo de estos es una de las prendas más fascinantes y calientitas que se pueden encontrar.  Una vez encontré uno de estos abrigos en un bazar, pero costaba 8 mil pesos y le daba la vuelta varias veces a mi presupuesto.
-Un abrigo de tweed: Es muy de me voy a cazar zorros al campo pero funciona maravillosamente con casi todo el atuendo. Además, el tweed es una maravilla: no es en absoluto delicado, protege contra el frío
-Un delgadísimo suéter de cashmere con estampado de rombos: sólo porque me gusta el cashmere.
-Una casaca militar: No hay nadie mejor que Hendrix para usar una casaca y hacerla ver increíble con jeans negros y una camisa (aunque el estilismo de Kanye me gusta). El problema es encontrar una.
-Unos pantalones estampados con cuadros: Los hombres de Bloomsbury se vestían de un modo que parece conservador para nosotros pero entonces era muy fresco. Esa idea de mezclar estampados, arremangarse las camisas y usar pantalones anchísimos tuvo su impacto en los años 20.
En este caso, usaría el grooming de Bloomsbury para este concepto. Se les veía despeinados, con una ligera barba y una pipa en la boca
-Un trench coat: Nada más por no perder la costumbre
-Unas Chelsea boots: Tom Ford y los Beatles las adoran. Parecen ser muy cómodas y van mejor con el atuendo que los oxfords (de los cuales no quiero saber en un rato, gracias)
-O unas botas de montar: Éstas serían un gran reto para mí porque nunca en mi vida he usado botas y no sé si las aguante, pero estaría dispuesto a probar.
5.- Beatexistentialism
Todos fantaseamos con tomarnos un café en París pero a mí me gustaría imitar el estilo tan simplista y despreocupado que tenían los amigos de Sartre y Juliette Gréco en la posguerra. Pasaban tanto de la moda que terminaron imponiendo una con toda la austeridad de su estilo y la importancia que daban a la inteligencia más que a la belleza. Puede que este invierno termine vistiéndome así.
cafe society - Paris, Ile-de-France
En el otro extremo están los beats, con sus escritores que se vestían con lo primero que encontraban tanto para escuchar jazz como para viajar en una camioneta destartalada de punta a punta de Estados Unidos.
-Un suéter negro de cuello de tortuga: me heredaron varios de estos cuando era adolescente y debo decir que son muy cómodos. Acabo de ver una versión de cashmere que robó mi corazón pero no estoy listo para llevarlo a la tintorería cada semana.
-Unos pantalones negros: básicos en cualquier guardarropa, sea bohemio o no.
-Un trench coat
-Mocasines negros, sin calcetines : será un poco difícil pues los zapatos de cuero llegan a rozar los pies pero en nombre de la coherencia del atuendo lo intentaré.
-Una camisa de cuadros: Si me preguntan qué  usaba un beatnik en mi mente respondería sin dudar que una de esas. De hecho estamos hablando de un grupo tremendamente funcional, que trabajaban en lo que encontraban y no tenían mucho tiempo (ni dinero) para ir de tiendas. Entonces, esto era mucho más utilitario que una camisa blanca.
-Unos pantalones de pana: En mi adolescencia tuve un par y me sorprendía lo resistentes que son. Aguantan el frío, los raspones y se cuidan solos. No son mis favoritos pero podría usarlos en un día de mucho frío.
-Un satchel negro: Es una necesidad para mí porque no puedo seguir yendo a entrevistas de trabajo con bolsas de tela. Y queda bien con todo. Y ya, con esto acaban mis atuendos deseados.

¿Qué les parecen todas estas opciones?




lunes, 30 de julio de 2012

Un perfume te atrapa

¿Alguna vez han encontrado un perfume que los pueda definir totalmente? ¿Uno que identifiquen a ojos cerrados y les haga pensar en ustedes o algo sobre sus vidas? Yo sí.

Era 2004 o 2005 y yo tenía 17 años. Nunca había usado una loción en mi vida aunque mis papás trabajaron durante años vendiéndolas y descifrando notas, fórmulas y similares. Pero no me llamaba la atención y ni cruzaba por mi mente el comprar alguna.

Pasaba el tiempo en un centro comercial cercano a mi escuela y en alguna ocasión entré en uno de esos almacenes. No recuerdo si era Sanborn's o Liverpool, no es relevante. Imagínense a un adolescente con el pelo largo y los pantalones anchos que caminaba en uno de esos espacios inmaculados con música suave y decenas de vendedoras esperando a que bajes la guardia para ofrecerte cualquier producto, vaya o no con tu perfil: cremas, sérums, perfumes, tratamientos de 3 mil pesos y demás.

Y entonces alguien llegó a ofrecerme Givenchy Pour Homme y me llamó la atención desde que vi el frasco. Me aplicó un poco de la fragancia en la muñeca y tras abanicarla un poco con su mano, me dijo que la oliera.

Nunca he experimentado algo parecido en los cientos de veces que he probado fragancias nuevas, y en parte porque no fue como otras personas describen el haber encontrado la loción de sus vidas. No volé sobre los tejados ni me derretí con el aroma ni puse esa cara de falso placer de casi todos los anuncios pero la fragancia me envolvió, se quedó conmigo y me enamoré al instante.

Durante toda mi vida me he quedado con olores que me gustan, algunos son un poco extraños para los demás (como las vestiduras de piel de un coche o la ropa limpia y recién asoleada). Podría incluso decirles qué debe tener una fórmula o a qué debe oler una persona para que me enamore de ella, pero en este momento eso no viene al caso.

El punto es que me casé totalmente con la fórmula de Givenchy Pour Homme pero lo nuestro fue un amor a distancia porque me enamoraba aún más cuando me ofrecían una muestra pero en ese momento no la pude comprar.

Y luego la sacaron del aire (se aceptan donaciones de la fragancia).

Había leído más de una vez que las personas enamoradas de un aroma son capaces de cualquier cosa por conseguirlo: comprar lotes enteros, viajar a Alaska para buscar alguna tienda oscura donde alguien les contó que vio el aroma e incluso contratar detectives privados (no es broma).

Alguna vez, platicando sobre la marca con alguien que la conoce bien, comenté que ha sido mi fragancia favorita de todos los tiempos. Me miró extrañado y me dijo que no era precisamente el target (parece que estaba hecha para mayores de 30). Pero el amor, incluido el de los perfumes, es irracional y apela directamente a nuestra memoria olfativa.

Me sorprendía leer casos tan fascinantes como el de una señora de 80 años que buscaba el perfume exacto que hacía que todos los hombres la voltearan a ver en la calle durante su juventud en los años 30 o una fragancia de Paco Rabanne que tenía un toque metálico que fascinó a una escritora durante casi 30 años, pero cuando una fórmula en este mundo de lanzamientos mensuales se queda en tu memoria es porque está resonando algo que no pueden alcanzar las campañas, las modelos y el gusto de todos.

Ni la imagen de Nicole Kidman bajando una escalera con un vestido negro se puede acercar a una impresión olfativa.

Como la fragancia seguía siendo inalcanzable para mí, tiempo después compré Pi y descubrí que las fórmulas de la marca me quedaban, aunque ninguno se ha comparado con Pour Homme, ni su versión azul. Créanme, los he probado todos y el único que se ha acercado a replicar lo que siento por un perfume ha sido Pi. No había creído encontrar un sustituto digno para mi relación.

La otra noche fui al lanzamiento de fan di Fendi con eso en mente y escuchaba los ingredientes cuando noté que juntos podrían gustarme. Decidí esperar a tener un papel secante enfrente de mí.

Y el aroma me encantó. Un poco fresco, un poco especiado, se parecía a mi mezcla favorita pero era algo diferente. Y me di cuenta que, aunque voy a buscar un frasco de Pour Homme y lo voy a usar en los momentos realmente especiales, puedo encontrar algo que lleve durante meses y se parezca a la fórmula que me enamoró hace algunos años.

lunes, 9 de julio de 2012

Algunas palabras más sobre el debut de Raf Simons en Dior Haute Couture

La semana pasada sucedió una de las cosas más esperadas para todo el mundo: el debut de Raf Simons en Dior. Después de marzo del año pasado han cambiado decenas de cosas para la casa y hasta para los clientes, quienes se han ido, han regresado y han traído nuevo dinero para la marca.

¿Fue la colección algo que esperaba? Sí. Y me gustó. Mucho. En realidad el trabajo de Simons en Jil Sander se me hizo impecable, con todo y que a veces los estampados de sillón que ponía en sus prendas me desesperaban un poco. Pero en general se le ocurría una idea brillante tras otra. No hay que olvidar que si todos enloquecimos por el color blocking fue gracias a su colección de primavera 2011.

Y ahora podremos tener todo eso en Dior.

Las palabras "Dior" y "minimalismo" no suenan muy bien juntas. Después de todo, la historia de Dior viene de un momento de opulencia tras la guerra, en la que la gente se hartó de las matanzas, las privaciones y la tensión y durante la década siguiente se dedicó a fumar y beber champaña, vestir con las prendas más opulentas y construir casas perfectas con electrodomésticos, autos enormes y esposas elegantes y neuróticas que se dedicaban al hogar.

Dio igual que Christian Dior se haya muerto y hayan llegado los 60 y 70, porque la marca siempre fue lujosa y opulenta, incluso en los primeros 90 cuando lo exagerado se veía mal. Y entonces llegó Galliano, y pasó lo que ya sabemos con la marca.

Un Dior excesivo, histórico, decadente. Eso fue la norma durante casi quince años, una época maravillosa que fue de acuerdo con su tiempo (no me vayan a decir que los 90 fueron una época totalmente espiritual, mesurada y profunda) hasta que en la década pasada nos golpearon atentados y crisis económicas por doquier.

Ahora no nos importa tanto ser minimalistas, o vintage o usar color blocking. En realidad tenemos tantas opciones que no sabemos qué hacer con ella. Yo creo que todas las épocas tienen su propia superficialidad y tienen medidas diferentes para ella. Si te quedas demasiado en un concepto, puedes correr el riesgo de verte anticuado y desaparecer como negocio.

Hagan este ejercicio un día: piensen en la prenda más elaborada que conozcan y redúzcanla en su mente a las líneas más básicas. No sé, algo de cuando María Antonieta estaba viva o algo de principios del siglo XX. Olviden los bordados y encajes, quédense con lo más importante.

Es cierto, pierde mucho de su impacto sin tanto adorno pero eso permite que empiecen desde cero y se concentren en lo básico: en las costuras y en la forma en la que se construye la ropa. Incluso es más fácil percibir si una falda tiene mejor movimiento o si transforma el cuerpo de quien lo usa.

Es mucho más difícil hacer una colección de Alta Costura cuando te vas a lo más mínimo.

 

¿Galliano sabía hacer eso? Desde luego, era un genio de la construcción. Pero Simons es de esas personas que voltean un saco y muestran las costuras y el forro para que todos lo aprecien. Eso también es normal, puesto que su formación de diseñador industrial le enseñó a fijarse en lo más esencial.

Uno no es mejor que el otro, simplemente estamos viendo estilos muy distintos.

Me fascinó la forma en la que Simons reinterpretó la obra original de Christian Dior. Hizo el ejercicio de reducir todo a las líneas más básicas, vio cómo se lograban esas formas de reloj de arena en un saco y las imitó, pero decidió refrescarlas con pantalones, los cuales habrían espantado a Christian Dior por el simple motivo de no ser femeninos.

Con eso está empezando una verdadera nueva etapa en la marca. Yves Saint Laurent, Marc Bohan, Gianfranco Ferré y Galliano siguieron un estilo con sus toques personales. Raf Simons está comenzando con otro y es lo realmente sorprendente. Incluso la música es distinta.

Me llamó mucho la atención que pusieran Windowlicker de Aphex Twin en el soundtrack. Es una canción bastante sexualizada (el video es maravilloso pero no todo el mundo lo va a adorar) pero va bastante bien con la estética de Simons, quien tiene una afición un poco marcada por lo electrónico.

A Simons le encantan los 50: el diseño, los muebles y la ropa del tiempo. Pero tiene una idea muy fija de cómo debe hacer las cosas y, aunque en teoría choque con su estilo favorito, puede encontrar puntos medios para combinarlos o proponer una nueva visión.

Lo único que espero es que le permitan hacerlo.

lunes, 25 de junio de 2012

How Vogue Changed My Life (2): Arts And Entertainment

Desde que hace un año comencé a comprar ediciones pasadas de Vogue, he continuado sin detenerme. No me pregunten cuántas tengo, no lo sé (pero acepto donaciones). Y, además de encontrar grandiosas editoriales, me pasó exactamente lo mismo que con aquella vieja excusa que usaban los lectores de Playboy en los 70: leo Vogue por los artículos.

Y dentro de esta nueva etapa como lector, he aprendido mucho de temas que no necesariamente son aptos para una revista de moda. Las secciones de cine y arte (además de la de belleza, la cual es fantástica en todos sus aspectos) son muy fuertes y, algo que no esperaría uno, educativos.

La moda está en todos lados y eso incluye tratamientos estéticos, películas y exhibiciones en el MET. Eso es algo que se puede obviar, porque todos los ejemplos anteriores se pueden poner " de moda".  A pesar de eso, ustedes y yo sabemos que las otras revistas no tienen una conexión fuerte con el arte y en muchos casos sólo usan al cine como descanso visual.

Pero Vogue no. Me emociona ver que al menos la edición estadounidense tiene una relación tan cercana con el arte, al punto de tener sus artistas de cabecera (con todo lo que eso implica)

Quizá las dos favoritas de Vogue con Ahn Doung (quien también fue modelo) y Rachel Feinstein. Antes, supongo que Cindy Sherman fue de sus favoritas, aunque su carrera ha crecido tanto que es un tema por sí misma (y tiene un bonito sentido del estilo)

No sé bien como funciona "el mundo del arte". Entiendo, según comentarios de un par de amigos que frecuentan galerías y exposiciones por su trabajo, que sufre de muchos prejuicios y que, al igual que en moda, es una comunidad muy cerrada, con frivolidad y relaciones de poder muy parecidas a las de la vida real. Aún así, hay miles de cosas en él que se pueden rescatar.

¿Entonces todo el arte es superficial porque sale en Vogue, no es utilitario, además de lo "fashion"? No. Hago esta pregunta porque alguien me describió la moda como frívola por eso y creo que es un gran objeto de estudio para alguien que es superficial y se quiere disfrazar de persona profunda.

El punto aquí es que, a pesar de la aparente frivolidad de los círculos de poder que controlan el arte y la moda, las cosas que presentan van muy en serio y nos hacen cambiar nuestra percepción sobre la vida. Al fin y al cabo ambos son una expresión del talento de la gente y su mundo interior, y eso los hace tan relevantes como cualquier disciplina.

Regresemos entonces a las consentidas de la revista:

Ya mencioné a Ahn Duong, quien modeló para Galliano y Donna Karan en los 90 y ahora hace retratos de personas famélicas

También está Rachel Feinstein, quien modeló para el show de Tom Ford, salió en una campaña de Marc Jacobs (y diseñó el escenario de su desfile de otoño) y está casada con uno de los artistas más importantes de la escena: John Currin.

O Elizabeth Peyton, con sus retratos suaves y amables de gente que admira (entre ellos Marc Jacobs, quien la adora). Para su perfil en Vogue la fotografió alguien llamado Irving Penn. Ella dice que jamás pintaría a Wallis Simpson y su marido "porque hay algo malvado en ellos". Si no les agradan los Duques de Windsor, quizá amen a Peyton para toda la vida.

Está Sophie Matisse, quien es descendiente del pintor y pinta espacios vacíos en obras clásicas (algo así como Las Meninas de Velázquez pero sin gente).

Y también Cecily Brown, una inglesa que es amiga de Kate Moss, se parece un poco a Karen O y su estilo es expresionismo figurativo (si me equivoqué en el concepto, hagan el favor de corregirme), con pinturas llenas de manchas de colores con una fuerte carga sexual. Me agrada mucho lo que he visto de ella.

¿Son buenas o malas? No lo sé. Me gusta el trabajo de algunas y se nota que están en muy buenos términos con Anna Wintour y la revista.

Me gusta mucho que les encarguen comisiones. En una ocasión les pidieron un autorretrato y cada una salió con un aspecto totalmente diferente de su obra (Cecily Brown pintó su boca con dos dientes rotos) . En otra ocasión pidieron que hicieran una naturaleza muerta y cada quién pudo explicarla de una forma muy interesante. Pude o no estar interesado en ciertas obras, pero cuando cerré la revista supe que había aprendido algo.

Respecto a la sección de cine, es excelente. Los críticos no se tientan mucho el corazón (aunque la estrella esté en portada) y tampoco son snobs: pueden criticar una comedia romántica en marzo y el ganador de un festival de cine en abril. Y las reseñas se entienden sin importar que seas un lector entradísimo o alguien que vive alejado de los centros culturales.

Les voy a poner un ejemplo: en alguna de las muchas ediciones que tengo, reseñaban Me, You and Everyone We Know, una película de bajo presupuesto. Al crítico le encantó y mencionó los aspectos que le habían fascinado. Decidí darle una oportunidad.

La película es grandiosa. Sí, está hecha con 3 dólares pero es sublime sin ser cursi. Si fuera ustedes, ya la estaría buscando o bajando en este instante. Y eso me hizo comprobar lo valiosa que era esa sección en terrenos que sí conozco.

Ahora, al leer las secciones de arte y cine, digo que en el pasado, Vanity Fair contribuyó a mi educación en temas de actualidad (sobre todo política y economía). Vogue me ha ayudado en mi educación artística.

lunes, 18 de junio de 2012

Grandes Colecciones de la Historia (Contemporánea): Balenciaga, primavera 2007

Si se han encontrado alguna vez con un desfile que (metafóricamente hablando) les haya volado la cabeza a kilómetro y medio, quizá puedan entender que la colección robot de Balenciaga afianzó mi obsesión con la marca y fue parte de los 5 años en los que me gustaron todas las temporadas de una marca de forma consecutiva (un récord personal que hasta ahora no ha sido superado).

 

En el ADN de Balenciaga está escrito el futuro. A lo mejor don Cristóbal no era fanático de la ciencia ficción pero sus siluetas y el uso de materiales como el plástico se adelantaron a su tiempo. De hecho, en mi entrada épica sobre los 60 dije que se había adelantado a la década y es verdad. Casi todas las siluetas populares en esa década ya habían sido exploradas por Cristóbal diez años antes. Hay diseños que siguen siendo muy futuristas.

En el caso de Balenciaga actual, es algo parecido. Sí, tiene una legión relativamente joven y edgy de fans pero siempre están ocupados en el futuro. Es de las primeras cosas que salen al entrevistar a Nicolas Ghesquiere, alguien que parece obsesionado por dos cosas: los ochenta (y aún así es uno de mis diseñadores favoritos, quién lo diría...) y el futuro.

Con esto en mente, y pensando siempre en hacer algo más que repetir los archivos, se lanzó a hacer una colección fascinante en todos los sentidos de la palabra. ¿Era usable? No mucho, pero de igual manera seducía al público. Y además de eso logró liderar una temporada fascinante en la moda.

Primavera 2007 es una de mis temporadas favoritas. Por alguna razón, fue un momento maravilloso en el que muchas de las firmas lanzaron propuestas memorables. Fue una temporada de vestidos muy cortos, colores intensos, algo de sporty chic y el corte trapecio. Me gustan esos momentos en los que algo está en el aire y motiva a que se casi nadie tenga una colección floja u olvidable.

Balenciaga no tuvo ninguna de estas tendencias pero logró fascinar a propios y extraños. Lo que sí hizo fue partir del principio blusa blanca+pantalón negro y darle la vuelta con nuevas telas y detalles que uno no esperaría en la colección. Y luego comenzó a agregar cosas más locas.

Creo que la inspiración directa fue el cyberpunk, ese género de la ciencia ficción al que conocemos por Matrix o Blade Runner (expertos en el tema, si me equivoqué, háganmelo saber en los comentarios), en el que un futuro es complicado y deja a los protagonistas luchar por su vida o por cambiar el mundo vestidos fabulosamente.

Ya que investigué bien, resultó que Ghesquiere se inspiró principalmente en dos películas de ciencia ficción: Tron y Terminator.De ahí salió todo un concepto de androides, articulación robótica (lo cual explicaría el final adecuadamente). Pero también quiso una silueta masculina y, sinceramente, varias prendas de la colección pueden ser usadas por un hombre (al que le guste experimentar).

En cuanto a lo técnico, también están las referencias a Paco Rabanne (cuya marca fue revivida de una forma muy desafortunada por Manish Arora esta primavera) y sus diseños en metal, pero también logró un manejo increíble de materiales: seda que parece nylon, cuero que parece algodón, remates en piel de serpiente, impresión digital... la mera confección hace relevante todo.

No hay mucho del Balenciaga original en esta colección. es una colección 100% Ghesquiere, una de las tantas en las que se decide a imponer su propio estilo,. Parece que en esa temporada fue para crear un balance entre la reinterpretación literal de Balenciaga en la temporada anterior. Sea cual sea la razón, creó dos temas muy diferentes en un mismo año.

Probablemente la razón por la que fue más conocida esta colección fue por Las Medias. Sí, con mayúscula. Hablo, por supuesto, de esos leggings de cashmere cubiertos de placas de metal que costaban 150 mil dólares. Acá uno se puede comprar una casa en una zona de clase media o un departamento pequeñito en una colonia cercana a las que están de moda, o tres Hummers y una Birkin, o poner un negocio (hasta una marca de ropa) con un par de esos leggings.

Por supuesto, el precio de Las Medias escandalizó a todos, se hicieron varios comentarios de asombro y hasta la fecha no sé cuántos pares se hayan vendido. Pero son una obra de arte, cada una de las placas se cosió a mano y, sinceramente, pensaría en comprarlas, aunque sea por coleccionarlas.

El soundtrack que creó Michel Gaubert es una obra maestra: dos canciones de Lucas MacFadden, un DJ de hip hop que ahora se hace llamar Cut Chemist. Lo amo desde entonces, es un artista del sampleo. El disco donde vienen las dos canciones de este soundtrack (The Audience’s Listening) es fantástico para cualquiera que aprecie lo que puede hacer un buen DJ sin que sea fan del hip hop. El video para (My 1st) Big Break tiene la distinción de ser el primero en ser filmado con una perspectiva de 360 grados, aunque al verlo confunde un poco.

 

Ahora veamos cómo le fue a esta colección en el mundo real. Empecemos por la campaña: Coco Rocha, quien abrió el desfile, parecía androide recién llegada a la tierra (como en Terminator) en la campaña fotografiada por David Sims.

Kate Moss consideró que Las Medias eran suficientes para hacerla ver bien en la portada de Numéro Tokyo. Y como siempre, tenía razón.

Charlotte Gainsbourg, BFF de Nicolas y obsesión de un servidor, estaba promocionando su disco 5:55 (¿No lo han escuchado? ¿Qué esperan?) cuando se lanzó la colección, y tuvo a bien usarla para los promos en MySpace y fotos de prensa.

Cate Blanchett se veía espléndida en un vestido azul de seda y cuero cuando se apareció en el festival de Palm Springs.

Raquel Zimmermann brincaba del gusto con el pelo morado en la edición de enero de 2007 de Vogue US:

Jean Baptiste Mondino se animó a fotografiar un total look de una forma más suave:

Demi Moore se deshizo de Las Medias frente a la cámara de Mario Testino en la edición de febrero de Vanity Fair.

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Cate Blanchett se lanzó a la calle con el abrigo, una camisa y unos pantalones más cómodos

Liz Collin fotografió a una modelo que demuestra que la vanguardia puede inducir fatiga:

Y finalmente, Beyoncé usó Las Medias para su tour de ese año. Creí que las iba a odiar en ella, pero parece que no.

Y eso es todo. ¿También les encantó esa colección en su momento o prefieren algo más?