viernes, 10 de agosto de 2012

Fashion’s Night Out 2012: comenzando de nuevo

Aquí estamos de nuevo, un año después.
En 2011, después de ver el éxito que ha sido Fashion's Night Out en el mundo, integraron la idea al DF. En ese momento me invitaron para difundirlo y, junto con otros blogs, tuvimos una noche muy interesante con el staff de Vogue México.


Foto por Juan P de Style Underachiever

 Después de un año y un buen recibimento por parte de la gente, se repetirá la experiencia en la Ciudad de México. Y unos días después, Guadalajara también celebrará FNO.
Durante la presentación, hubo algo que provocó suspiros de asombro entre todos: la revista nos dio videocámaras para que grabemos la experiencia. Yo confieso que entré en shock durante un buen rato.
El objetivo de FNO es el mismo del año pasado: volver a las compras una experiencia lúdica para que los clientes potenciales no se sientan intimidados por una boutique impecable. Y las videocámaras son para un video colectivo que Vogue.mx presentará unos días después.
¿Cómo, cuándo y dónde? Pues este año van a poder ver sucesos especiales en Perisur, Masaryk y Antara. Me comentaban que escogieron el primero porque un promedio de un millón de personas lo visita diariamente. En cuanto a los otros, concentran a gran parte del lujo en México.


Kelly Talamas, editora de la revista. Foto por Juan

La celebración va a ser el jueves 6 de septiembre a partir de las 6 PM, así que pueden relajarse después de una semana pesada con unos cocteles, un DJ o alguna de las múltiples sorpresas que están listas para ese día.
En el caso de Guadalajara, empezará su primer FNO una semana después, el 13 de septiembre y el Centro Comercial Andares tendrá sus propias dinámicas.
Respecto al modus operandi de los bloggers, me uno a las preocupaciones de Guapóloga: a veces el staff de ciertas tiendas (como Max Mara de Masaryk hace dos años en otro evento) parece que reprobó Buen Trato en la escuela y reaccionan negativamente con los bloggers y la gente que toma fotos. Y en muchas ocasiones sabotean nuestra oportunidad de un liveblogging con un "por políticas de la empresa no puedes tomar imágenes". Fuera de eso, creo que esta edición promete aún más.
¿Qué les tiene preparado este humilde blog para FNO? No les puedo contar mucho aún porque depende de muchas cosas pero les aseguro que, si todo sale bien, será memorable. Sólo esperemos que los astros se junten para eso.
Por lo pronto, me siento muy contento de que Vogue me haya tomado en cuenta por segunda vez.

Noche digital

¿Ya saben a dónde van a ir en este FNO?

martes, 7 de agosto de 2012

Feeling so Bohemian Like You

A lo mejor ustedes nunca ha tenido ganas de tirar toda su ropa y resdescubrir una etapa que no vivieron pero a mí me acaba de pasar con lo bohemio mientras estaba tomando un curso en el que me requerían verme presentable (léase, no usar mi uniforme de camisetas, jeans y tenis todos los días).
Fue una experiencia fabulosa y en sí no tuve conflictos de identidad con el código formal pero la falta de costumbre hacía que la corbata me asfixiara, los zapatos (un par de oxfords negros que compré para mi titulación) me cansaban y el ajuste de un traje verde que me heredaron me obligaba a adoptar posturas un poco incómodas, entonces terminaba un poco agobiado por el vestuario.
Y me encontré de repente deseando usar sandalias, un pantalón amplio de lino y una guayabera que me regaló Adrián de Looks for Love.
Nunca fui hippie. Lo juro. Ni en mis épocas de mayor rebeldía adolescente pensé en tocar la guitarra, usar collares con chalecos de cuero y gorros rastafaris. Simplemente no era lo mío y he tenido muy buenos amigos pasados y presentes que gustan (o gustaron) de toda esa onda pero jamás me llamó la atención.
Lo que sí me ha parecido fascinante desde hace un tiempo es el estilo marroquí. Desde la casa de Paloma Picasso hasta la decadencia que vivieron Talitha Getty y su marido ultramillonario se han convertido en referentes de un lugar al que debo ir lo antes posible.
Y como un hilo suelto en un tejido, se fueron desencadenando varias ideas sobre vestirme como varios tipos de bohemio que han existido. Pero no me refiero al boho chic de hace unos años, olviden a Jude Law y Sienna Miller caminando por Londres de la mano como si recién llegaran de Woodstock.
Ahora mismo tienen una imagen mental del bohemianism que se ha popularizado, pero ese concepto ha cambiado con el paso de los años. En el siglo XIX eran señores de pelo largo y reacciones un poco dramáticas, luego llegaron los fans del Lejano Oriente y después gente como Klimt se inventó una bohemia en plena época de corsets y encajes. Supongo que parte de la herencia cultural de los 60 es esa imagen mental que les señalé.
Y se me ocurrió dividir mis estilos favoritos en cinco etapas, empezando por lo más obvio y moviéndome a otras situaciones que me han intrigado y forman parte del concepto que quiero abrazar en estos días.
1.- Marrakesh Express
Me parece el más extremo y difícil de imitar, porque muchas de las cosas que necesitaría están del otro lado del mundo, pero me sentiría muy contento caminando por ahí vestido con algo ultra cómodo y acorde con mi fase marroquí.
No conozco muchas personas que anden por ahí inspiradas en Marruecos, así que me basaría en los Getty, quienes la pasaron maravillosamente en el Marrakesh de los 60.
 
-Una djellaba (caftán para hombre): Esto es muy extremo para muchas personas que andan por la vida con jeans y camisetas, pero son muy cómodos y se ven lindos (así que por favor, luchen por que no se usen con leggings o versiones obscenamente cortas y demás atrocidades).
Tuvieron su momento en 2007 pero es muy raro que un hombre los traiga, aunque en Marruecos son tradicionales (el nombre correcto es djellaba y es muchísimo más sobrio que los caftanes que conocemos. Quiero uno de esos).
-O una túnica: Esto es menos extremo y más fácil de localizar
-Unos pantalones de lino: para combinar con la djellaba o la túnica
-Unas sandalias: Las babuchas son muy lindas (hay una tienda en Polanco que las vende) pero mis pies no están diseñados para zapatos muy planos, así que no las aguantaría. Unas sandalias me harían caminar mejor.
-Un bolso mensajero de piel
2.- Hippie comeflores mexicoamericano (que a su vez es medio hipster)
Hubo una explosión el otoño pasado de estampados Navajo, sobre todo en Proenza Schouler, pero la idea de plumas, trenzas y pintura facial es un poco extrema para mí, así que se me ocurrió combinarla con influencias del sureste mexicano, ésas que tanto han fascinado a Matthew Williamson y a Sophie Arbou de Paul & Joe (Por cierto, vino Matthew a Elle México Diseña y en ningún momento leí o vi que le preguntaran sobre su fascinación con Chiapas y Yucatán, ¿eh? Muy mal).
Cuando iba a la universidad veía muchos estudiantes, maestros y demás vestidos de este modo; El problema es que lo sobrecargaban y terminaban viéndose más como una curiosidad que como un homenaje al folclor.
No me malinterpreten, me gusta mucho la ropa mexicana y admiro que estén haciendo de eso una postura de orgullo a nuestras tradiciones (del mismo modo en que Dolores Olmedo lo hizo durante toda su vida), pero éste es el giro que yo le daría a ese estilo.
-Una guayabera: Es una de las prendas más cómodas y elegantes que puede haber y de inmediato puede mejorar un atuendo. Si algo es aceptado para una boda de verano, se puede usar con casi todo.
-O una camisa bordada: Más informal pero también muy cómoda. Acá se debe manejar con cuidado porque existen algunos modelos de gusto cuestionable.
-Un pantalón de lino
-O jeans, para balancear el atuendo.
-Una larga bufanda roja (para usarla como cinturón)
-O un cinturón de cuero trenzado y motivos geométricos: sigue siendo hippie comeflores y se puede usar sin que los demás componentes del atuendo compitan con él.
-Sandalias de Oaxaca: son imprescindibles. Me compré unas cuando fui hace un par de años y lo único malo que les encontré es que el acabado me cortaba los talones, pero lo pude solucionar y desde entonces no las suelto en tiempo de calor
-Unos mocasines Minnetonka: llegaron a mis manos unos preciosos, forrados en piel de conejo y con bordados, pero los tuve que donar porque eran de bebé.
-Un bolso mensajero con muchos flecos: Los flecos son una trampa estilística, porque es muy sencillo que se salgan de control y te hagan parecer ranchero de Montana (por eso las chamarras del oeste son un faux pas épico, a menos que las use alguien como Sienna Miller o el cantante de The Killers). Pero una hilera discreta en un accesorio los hace ver bien.
-...O un bolso mensajero beige o de mezclilla: yo tuve uno y funcionaba bastante bien con casi todo. Si es beige tiene la ventaja de no ser demasiado literal.
-Una bufanda, estampada o no, de flecos: Son un toque muy discreto por si no quieres tomar riesgos
-Si refresca, un viejo abrigo del ejército, debidamente alterado: El problema más grande con lo vintage son las tallas, seguido de las condiciones de la ropa. Pero si se manda a un sastre, se le quitan todas las insignias y se pinta de nuevo, va bastante bien con la idea y resguarda contra frío y lluvia.
-o un cardigan de alpaca sin estampados: son muy lindos pero la lana pica tremendamente. Suerte con ella.
Y como plus, un atrapasueños en un collar, de tamaño discreto y con un par de plumas.
3.- Sur de Francia: Éste es sencillo y ya lo he imitado más de una vez, sobre todo en primavera, cuando la ciudad es deliciosa para ir caminando por ahí con toda la frescura que te puede dar un atuendo inspirado en las vacaciones en la Riviera Francesa.
bohemian chic for men
¿En quién me inspiro? No les podría decir "Alain Delon en Cannes" porque nunca he visto una película suya, así que me iré con esa imagen pop del hombre despreocupado que pasa de la ostentación de los yates y se va caminando a todos lados aprovechando el sol y el buen clima que suelen darse en la Provenza y la Côte d'Azur.
-Una camisa azul claro, de manga corta
-Unos pantalones beige
-Alpargatas: me trajeron unas de España y debo decir que son unos de los zapatos más cómodos que he usado. Son suaves y dejan que el pie respire, entonces no me cansaré de usarlos mientras haga calor.
 
-Unos lentes de sol clásicos: en mi caso, tengo unos Ray Ban de los 60 o 70 que encontré en un cajón y no suelto en los días de calor.
 
-Una fedora de paja: compré una en Oaxaca y vivimos muy felices durante varios meses, hasta que una mañana el viento me la arrebató y la fue a colocar directamente bajo las ruedas del Metrobus.
-Si refresca, un suéter de rayas marineras. Ahora que ya no están de moda pueden usarse sin problemas.
Como plus, una fragancia cítrica (hay una con notas de toronja de Hermès que me fascina, me parece que se llama Pamplemousse), una bicicleta, una réflex viejita y una cajetilla de cigarros sin filtro. Y, por supuesto, una playlist con bossa nova y Michel Legrand.
4.- Bloomsbury meets Swinging London
¿Qué puedo decir de Mick Jagger que no se haya dicho antes? Rompió todas las reglas posibles de su tiempo viéndose impecable y eso ya es un logro per se. Él y sus amigos (Brian Jones, Keith Richards, Hendrix, David Bailey y demás) siguen siendo referente para los fans del rock.
Pero Inglaterra también adora a los bohemios y excéntricos, tanto que los prerrafaelistas (los hippies del siglo XIX) nacieron ahí, y se desarrollaron grupos como Bloomsbury, en el cual estuvieron Virginia Woolf y otros grandes personajes, entonces se me ocurrió mezclar un poco ambas ideas. Es un estilo que han seguido los chicos de Etro durante muchas temporadas y les funciona.
Hace tiempo vi una editorial de Vogue con Dhani Harrison (hijo de George) y Sasha Pivovarova y se volvió una de mis referencias favoritas para el look de hippie burgués en invierno.
-Un traje de terciopelo: No hay nadie que pudiera usarlo mejor que Jagger pero aún ahora, y aunque no lo recomiende GQ, se puede usar junto o por separado con los accesorios correctos. Yo buscaría un corte ajustado y me olvidaría de esas horribles camisas de escarolas que utilizaban en la época. Las chicas se ven mejor con ellas.
-Una bufanda con estampado paisley: Tengo que admitir que no es mi estampado favorito pero fue el favorito de los chicos de entonces, así que un poco no quedaría mal en un atuendo
-Una camisa morada o con detalles interesantes: La gran ventaja de Jagger sobre otras personas de su tiempo es que conocía su cuerpo a la perfección, y esto le daba pie a experimentar con lo que quisiera sin olvidar su complexión. Las camisas de colores y con puños contrastantes le iban fantásicamente y tomaría eso de él para mi atuendo ideal.
-Un abrigo de lana de Mongolia: Los Stones tuvieron un momento de usar pieles y en general son las favoritas de los bohemios, lo cual no es muy eco-friendly que digamos.
Sin embargo, la lana de Mongolia parece ser más amigable para los que odian las pieles de animales y un abrigo de estos es una de las prendas más fascinantes y calientitas que se pueden encontrar.  Una vez encontré uno de estos abrigos en un bazar, pero costaba 8 mil pesos y le daba la vuelta varias veces a mi presupuesto.
-Un abrigo de tweed: Es muy de me voy a cazar zorros al campo pero funciona maravillosamente con casi todo el atuendo. Además, el tweed es una maravilla: no es en absoluto delicado, protege contra el frío
-Un delgadísimo suéter de cashmere con estampado de rombos: sólo porque me gusta el cashmere.
-Una casaca militar: No hay nadie mejor que Hendrix para usar una casaca y hacerla ver increíble con jeans negros y una camisa (aunque el estilismo de Kanye me gusta). El problema es encontrar una.
-Unos pantalones estampados con cuadros: Los hombres de Bloomsbury se vestían de un modo que parece conservador para nosotros pero entonces era muy fresco. Esa idea de mezclar estampados, arremangarse las camisas y usar pantalones anchísimos tuvo su impacto en los años 20.
En este caso, usaría el grooming de Bloomsbury para este concepto. Se les veía despeinados, con una ligera barba y una pipa en la boca
-Un trench coat: Nada más por no perder la costumbre
-Unas Chelsea boots: Tom Ford y los Beatles las adoran. Parecen ser muy cómodas y van mejor con el atuendo que los oxfords (de los cuales no quiero saber en un rato, gracias)
-O unas botas de montar: Éstas serían un gran reto para mí porque nunca en mi vida he usado botas y no sé si las aguante, pero estaría dispuesto a probar.
5.- Beatexistentialism
Todos fantaseamos con tomarnos un café en París pero a mí me gustaría imitar el estilo tan simplista y despreocupado que tenían los amigos de Sartre y Juliette Gréco en la posguerra. Pasaban tanto de la moda que terminaron imponiendo una con toda la austeridad de su estilo y la importancia que daban a la inteligencia más que a la belleza. Puede que este invierno termine vistiéndome así.
cafe society - Paris, Ile-de-France
En el otro extremo están los beats, con sus escritores que se vestían con lo primero que encontraban tanto para escuchar jazz como para viajar en una camioneta destartalada de punta a punta de Estados Unidos.
-Un suéter negro de cuello de tortuga: me heredaron varios de estos cuando era adolescente y debo decir que son muy cómodos. Acabo de ver una versión de cashmere que robó mi corazón pero no estoy listo para llevarlo a la tintorería cada semana.
-Unos pantalones negros: básicos en cualquier guardarropa, sea bohemio o no.
-Un trench coat
-Mocasines negros, sin calcetines : será un poco difícil pues los zapatos de cuero llegan a rozar los pies pero en nombre de la coherencia del atuendo lo intentaré.
-Una camisa de cuadros: Si me preguntan qué  usaba un beatnik en mi mente respondería sin dudar que una de esas. De hecho estamos hablando de un grupo tremendamente funcional, que trabajaban en lo que encontraban y no tenían mucho tiempo (ni dinero) para ir de tiendas. Entonces, esto era mucho más utilitario que una camisa blanca.
-Unos pantalones de pana: En mi adolescencia tuve un par y me sorprendía lo resistentes que son. Aguantan el frío, los raspones y se cuidan solos. No son mis favoritos pero podría usarlos en un día de mucho frío.
-Un satchel negro: Es una necesidad para mí porque no puedo seguir yendo a entrevistas de trabajo con bolsas de tela. Y queda bien con todo. Y ya, con esto acaban mis atuendos deseados.

¿Qué les parecen todas estas opciones?




lunes, 30 de julio de 2012

Un perfume te atrapa

¿Alguna vez han encontrado un perfume que los pueda definir totalmente? ¿Uno que identifiquen a ojos cerrados y les haga pensar en ustedes o algo sobre sus vidas? Yo sí.

Era 2004 o 2005 y yo tenía 17 años. Nunca había usado una loción en mi vida aunque mis papás trabajaron durante años vendiéndolas y descifrando notas, fórmulas y similares. Pero no me llamaba la atención y ni cruzaba por mi mente el comprar alguna.

Pasaba el tiempo en un centro comercial cercano a mi escuela y en alguna ocasión entré en uno de esos almacenes. No recuerdo si era Sanborn's o Liverpool, no es relevante. Imagínense a un adolescente con el pelo largo y los pantalones anchos que caminaba en uno de esos espacios inmaculados con música suave y decenas de vendedoras esperando a que bajes la guardia para ofrecerte cualquier producto, vaya o no con tu perfil: cremas, sérums, perfumes, tratamientos de 3 mil pesos y demás.

Y entonces alguien llegó a ofrecerme Givenchy Pour Homme y me llamó la atención desde que vi el frasco. Me aplicó un poco de la fragancia en la muñeca y tras abanicarla un poco con su mano, me dijo que la oliera.

Nunca he experimentado algo parecido en los cientos de veces que he probado fragancias nuevas, y en parte porque no fue como otras personas describen el haber encontrado la loción de sus vidas. No volé sobre los tejados ni me derretí con el aroma ni puse esa cara de falso placer de casi todos los anuncios pero la fragancia me envolvió, se quedó conmigo y me enamoré al instante.

Durante toda mi vida me he quedado con olores que me gustan, algunos son un poco extraños para los demás (como las vestiduras de piel de un coche o la ropa limpia y recién asoleada). Podría incluso decirles qué debe tener una fórmula o a qué debe oler una persona para que me enamore de ella, pero en este momento eso no viene al caso.

El punto es que me casé totalmente con la fórmula de Givenchy Pour Homme pero lo nuestro fue un amor a distancia porque me enamoraba aún más cuando me ofrecían una muestra pero en ese momento no la pude comprar.

Y luego la sacaron del aire (se aceptan donaciones de la fragancia).

Había leído más de una vez que las personas enamoradas de un aroma son capaces de cualquier cosa por conseguirlo: comprar lotes enteros, viajar a Alaska para buscar alguna tienda oscura donde alguien les contó que vio el aroma e incluso contratar detectives privados (no es broma).

Alguna vez, platicando sobre la marca con alguien que la conoce bien, comenté que ha sido mi fragancia favorita de todos los tiempos. Me miró extrañado y me dijo que no era precisamente el target (parece que estaba hecha para mayores de 30). Pero el amor, incluido el de los perfumes, es irracional y apela directamente a nuestra memoria olfativa.

Me sorprendía leer casos tan fascinantes como el de una señora de 80 años que buscaba el perfume exacto que hacía que todos los hombres la voltearan a ver en la calle durante su juventud en los años 30 o una fragancia de Paco Rabanne que tenía un toque metálico que fascinó a una escritora durante casi 30 años, pero cuando una fórmula en este mundo de lanzamientos mensuales se queda en tu memoria es porque está resonando algo que no pueden alcanzar las campañas, las modelos y el gusto de todos.

Ni la imagen de Nicole Kidman bajando una escalera con un vestido negro se puede acercar a una impresión olfativa.

Como la fragancia seguía siendo inalcanzable para mí, tiempo después compré Pi y descubrí que las fórmulas de la marca me quedaban, aunque ninguno se ha comparado con Pour Homme, ni su versión azul. Créanme, los he probado todos y el único que se ha acercado a replicar lo que siento por un perfume ha sido Pi. No había creído encontrar un sustituto digno para mi relación.

La otra noche fui al lanzamiento de fan di Fendi con eso en mente y escuchaba los ingredientes cuando noté que juntos podrían gustarme. Decidí esperar a tener un papel secante enfrente de mí.

Y el aroma me encantó. Un poco fresco, un poco especiado, se parecía a mi mezcla favorita pero era algo diferente. Y me di cuenta que, aunque voy a buscar un frasco de Pour Homme y lo voy a usar en los momentos realmente especiales, puedo encontrar algo que lleve durante meses y se parezca a la fórmula que me enamoró hace algunos años.

lunes, 9 de julio de 2012

Algunas palabras más sobre el debut de Raf Simons en Dior Haute Couture

La semana pasada sucedió una de las cosas más esperadas para todo el mundo: el debut de Raf Simons en Dior. Después de marzo del año pasado han cambiado decenas de cosas para la casa y hasta para los clientes, quienes se han ido, han regresado y han traído nuevo dinero para la marca.

¿Fue la colección algo que esperaba? Sí. Y me gustó. Mucho. En realidad el trabajo de Simons en Jil Sander se me hizo impecable, con todo y que a veces los estampados de sillón que ponía en sus prendas me desesperaban un poco. Pero en general se le ocurría una idea brillante tras otra. No hay que olvidar que si todos enloquecimos por el color blocking fue gracias a su colección de primavera 2011.

Y ahora podremos tener todo eso en Dior.

Las palabras "Dior" y "minimalismo" no suenan muy bien juntas. Después de todo, la historia de Dior viene de un momento de opulencia tras la guerra, en la que la gente se hartó de las matanzas, las privaciones y la tensión y durante la década siguiente se dedicó a fumar y beber champaña, vestir con las prendas más opulentas y construir casas perfectas con electrodomésticos, autos enormes y esposas elegantes y neuróticas que se dedicaban al hogar.

Dio igual que Christian Dior se haya muerto y hayan llegado los 60 y 70, porque la marca siempre fue lujosa y opulenta, incluso en los primeros 90 cuando lo exagerado se veía mal. Y entonces llegó Galliano, y pasó lo que ya sabemos con la marca.

Un Dior excesivo, histórico, decadente. Eso fue la norma durante casi quince años, una época maravillosa que fue de acuerdo con su tiempo (no me vayan a decir que los 90 fueron una época totalmente espiritual, mesurada y profunda) hasta que en la década pasada nos golpearon atentados y crisis económicas por doquier.

Ahora no nos importa tanto ser minimalistas, o vintage o usar color blocking. En realidad tenemos tantas opciones que no sabemos qué hacer con ella. Yo creo que todas las épocas tienen su propia superficialidad y tienen medidas diferentes para ella. Si te quedas demasiado en un concepto, puedes correr el riesgo de verte anticuado y desaparecer como negocio.

Hagan este ejercicio un día: piensen en la prenda más elaborada que conozcan y redúzcanla en su mente a las líneas más básicas. No sé, algo de cuando María Antonieta estaba viva o algo de principios del siglo XX. Olviden los bordados y encajes, quédense con lo más importante.

Es cierto, pierde mucho de su impacto sin tanto adorno pero eso permite que empiecen desde cero y se concentren en lo básico: en las costuras y en la forma en la que se construye la ropa. Incluso es más fácil percibir si una falda tiene mejor movimiento o si transforma el cuerpo de quien lo usa.

Es mucho más difícil hacer una colección de Alta Costura cuando te vas a lo más mínimo.

 

¿Galliano sabía hacer eso? Desde luego, era un genio de la construcción. Pero Simons es de esas personas que voltean un saco y muestran las costuras y el forro para que todos lo aprecien. Eso también es normal, puesto que su formación de diseñador industrial le enseñó a fijarse en lo más esencial.

Uno no es mejor que el otro, simplemente estamos viendo estilos muy distintos.

Me fascinó la forma en la que Simons reinterpretó la obra original de Christian Dior. Hizo el ejercicio de reducir todo a las líneas más básicas, vio cómo se lograban esas formas de reloj de arena en un saco y las imitó, pero decidió refrescarlas con pantalones, los cuales habrían espantado a Christian Dior por el simple motivo de no ser femeninos.

Con eso está empezando una verdadera nueva etapa en la marca. Yves Saint Laurent, Marc Bohan, Gianfranco Ferré y Galliano siguieron un estilo con sus toques personales. Raf Simons está comenzando con otro y es lo realmente sorprendente. Incluso la música es distinta.

Me llamó mucho la atención que pusieran Windowlicker de Aphex Twin en el soundtrack. Es una canción bastante sexualizada (el video es maravilloso pero no todo el mundo lo va a adorar) pero va bastante bien con la estética de Simons, quien tiene una afición un poco marcada por lo electrónico.

A Simons le encantan los 50: el diseño, los muebles y la ropa del tiempo. Pero tiene una idea muy fija de cómo debe hacer las cosas y, aunque en teoría choque con su estilo favorito, puede encontrar puntos medios para combinarlos o proponer una nueva visión.

Lo único que espero es que le permitan hacerlo.