domingo, 18 de diciembre de 2011

“Es que Prada, como muchas cosas en la vida, tiene un no-se-qué, ¿Me explico?”

Cuando vi el desfile de otoño de Prada por primera vez, pensé en aquella película de William Klein, “Qui êtes vous, Polly Maggoo?” En mi mente, las dos compartían una misma idea: mujeres de finales de los sesenta perdidas en un universo de tendencias cada vez más extravagantes, con plásticos, pieles y estampados de serpiente. Como suele suceder con Prada, las cosas son más complejas de lo que parecen.

Después de buscar Polly Maggoo durante diez meses, pude acabar de verla ayer. Sinceramente, les recomiendo que la descarguen en torrent porque, a la fecha, jamás la he visto en una tienda de películas y, salvo una aparición fugaz en la Cineteca Nacional, jamás se ha mostrado en cines. En teoría, la historia no tiene mucho qué ver con la colección: es una visión satírica de la moda en 1966, con todo lo que eso conlleva. Incluso aparece una excéntrica y demandante editora: Miss Maxwell, parodia de Diana Vreeland.

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Justamente Vreeland, dijo una vez que “hoy en día (léase, en algún momento de los 60) cuenta solamente la personalidad… No creo que deberíamos poner [en la revista] a la denominada sociedad, ya que está demodé, y prácticamente no existe… pero las personalidades encantadoras son las cosas más fascinantes del mundo - la conversación, los intereses de la gente, el ambiente que crean en torno a ellos - estas son las cosas que siento que vale la pena poner en cualquier edición ".

¿La película me gustó? Sí y no. Sí porque es como el antecedente a Zoolander aunque son muy diferentes y porque el talento de Klein es simplemente abrumador. No porque tiene una edición bastante mala. Hasta ahí me quedo, no pienso hacerles spoilers. Volvamos al tema de la personalidad.

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Por cierto, alguna vez hicieron una lista de los cien mejores fotógrafos de la historia y Klein quedó en el número 25. Algún día le haré un post a él solito.

Algunas mujeres de la generación de Twiggy comparten una característica: siguen siendo maravillosas aún después de cuarenta años, matrimonios, hijos y en el caso de las famosas miles de tendencias e it girls. Es como si compartieran un secreto que nunca a revelar del todo y atribuirán ese éxito al yoga o a procedimientos quirúrgicos para despistar.

¿Qué tienen Prada y esa generación de mujeres que fueron jóvenes en los 60 que son tan fascinantes?

No sé.

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Es, creo, resultado de la frase de Vreeland: más que ser íconos o simplemente mujeres, algunas se aventuraron a tomar decisiones y formar su propio destino. Pensemos en las carreras de todas las modelos de la época o en la mamá/abuela que fue joven en esa época y no se abandona al conservadurismo de su closet ni de sus ideas porque tienen una personalidad bien definida.

William Klein Prada 1William Klein Prada 2 

La susodicha, fotografiada por William Klein.

Curiosamente, Miuccia Prada pertenece a esa generación y por sí misma ha vuelto a su apellido en una potencia. No podemos escapar a Prada: está en todos lados y ya es parte de la cultura popular. Entre los fans de la moda, es muy raro escuchar un “no me gusta Prada”, porque sus colecciones siempre tienen una inspiración cada vez más sorprendente y una prenda, tendencia o accesorio que se convierte en un éxito instantáneo.

Dice Tim Blanks en la reseña de Style.com que los procesos mentales de Miuccia Prada son en ocasiones impenetrables. Algunas veces esos procesos se pueden plasmar en un solo atuendo: veíamos a Galliano creando versiones coloridas, sensuales y excéntricas de la historia y la vestimenta étnica o a Alexander McQueen con sus mujeres que parecían salir de un rincón muy oscuro de su mente. ¿Y Prada?

Toda colección parte de una idea, la cual se va materializando con telas, colores y estilismos que usualmente no requieren una explicación. Las colecciones de Prada son como una novela de misterio: tienen un contexto y un hilo conductor, pero la idea “culpable” se descubre hasta que la autora la explica. Si la volvemos a leer (porque los desfiles de moda también se leen), encontramos pistas regadas aquí y allá, indicios que nunca vimos porque estábamos demasiado ocupados pensando en un plano general, sin enfocarlo nunca. Estamos mirando sin ver.

El objetivo de la colección era tomar los clichés de la mujer glamorosa y devolverles su inocencia, entonces Miuccia escogió los estilos de los 20 y los últimos 60. Son en realidad mensajes cruzados: mientras que las pieles, los tacones altos, los escotes y los estampados de serpiente son indicadores de una madurez sexual, las épocas que escogió se destacaban por ese look aniñado. En un momento podrían ser niñas usando la ropa de sus madres, pero no es sólo eso: también está la obsesión por la juventud que aún tenemos. Y un poco de historia con el vestido Mondrian de Yves Saint Laurent reinterpretado por Prada.

Vestido Mondrian, otoño de 1965.

Al final, las prendas sí resultan inocentes y aniñadas. Esa colección es un contrapeso a desfiles con una carga tan sexual como los de Gucci y Louis Vuitton y a tendencias como el sadomasoquismo (No me digan que no han visto ya antifaces, charol negro y alguno que otro arnés por ahí).

También está el aspecto técnico. Toda la ropa de Prada siempre tiene alguna sorpresa: pintura especial, tratamientos experimentales, cualquier cosa que lo haga un producto fuera de lo común. En este caso, están las escamas de plástico y los zapatos hechos de un poliestireno (creo, si hay algún químico que lea este post, sea tan amable de corregirme) que les da una cierta suavidad para que se usen sin problemas.

Hace no mucho tiempo alguien me decía que no podía comparar a Prada con Diego Rivera. Y sí, son disciplinas diferentes pero ambos conocen (o conocían) sus fortalezas, creaban un estilo y tienen una carga política en su obra. No hay que olvidar que Miuccia Prada es politóloga. Y, al igual que Rivera, fue comunista durante un tiempo. Quizá por eso sus procesos mentales son tan difíciles de interpretar.

 

El soundtrack de ese video es bueno pero no es el original. Si quieren escuchar la canción que sonó, den click AQUÍ.

Al final, la colección y la película no tienen mucho en común, pero es divertido ver cómo un desfile puede desatar tantas ideas en quienes lo ven, ¿No creen?

1 comentario:

ANDYTOP dijo...

Pues si, la de cosas que se nos pasan por la cabeza cuando vemos algunos desfiles¡¡¡
Voy a buscar esa peli que me pica la curiosidad.