martes, 9 de diciembre de 2008

Alexander McQueen, las desventajas de evolucionar

Alexander McQueen es, quizá, el diseñador más interesate que haya pisado París en mucho tiempo. En él combina dosis exactas de sexualidad descarnada, cinismo, crueldad y una habilidad sorprendente para la confeccion, aprendida de sus años en Saville Row. McQueen ha sorprendido a propios y extraños que no dudan de su talento ni su inspiración aparentemente inagotable.

McQueen podría ser un estandarte de la moda alternativa porque podría utulizar lo que esté a su alcance y crear ropa que nos sorprenda. Sus shows suelen ser los más impactantes de todo París, ya sea por las locaciones (se dice que cuando estuvo en Givenchy usó una morgue y una iglesia para mostrar sus colecciones) o por la ropa que presenta.

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Es curioso que McQueen suela encontrar una inspiración, darle vuelta y transformarla según sus concepciones. Nunca copia, adapta. De este modo puede transformar una película de Jane Fonda en una mezcla entre pasarela y performance, y a la vez de sus colecciones más aclamadas hasta la fecha, o dedicar una colección para mezclar a Kim Novak, Alfred Hitchcock y Marilyn Monroe sin problemas, o incluso inpirarse en los aliens y el espacio (y una parada casi imperceptible en la princesa Leia), sus raíces escocesas, las brujas de Salem (mezcladas con el satanismo y el look a lo Liz Taylor en Cleopatra), o, por si eso fuera poco, inspirarse en la marquesa Casati, Goya y el siglo XVIII con ropa fuera de serie. Y también puede esmerarse y participar con marcas comerciales como Puma.

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La historia, la geografía, prácticamente todo lo puede transformar McQueen en algo. Alque, por supuesto, no todo ha sido miel sobre hojuelas.

McQueen perdió Yves Saint Laurent por negarse a bajar el tono a sus colecciones, misma razón por la cual Givenchy levantaba polémica pero vendía muy poco. Se deprimió cunado no pudo conseguirse un puesto en YSL y desde ese momento encotnramos a otro McQueen en escena. Esta etapa se puso a prueba el año pasado con la muerte de su mentora -amiga, modelo y defensora- Isabella Blow.

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El 'nuevo' Alexander McQueen estaba ligeramente endulcorado y buscaba vender un poco más. Es por esto que perdió el rubmo en un par de ocasiones, creando colecciones anodinas que podían verse muy bien en el aparado, pero carecían del espíritu de su creador. Al parecer superó esa etapa. Al parecer.

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Esta primavera el show de McQueen fue uno de los más esperados. Y sería injusto decir que decepcionó pero se quedó corto en muchos aspectos. Los asistentes esperaron una abanico de propuestas y encontraron una forma repitiéndose una y otra vez en los vestidos. Esperaron grandes vestidos de gala (en una época McQueen hizo vestidos memorables para novias y alfombras rojas) y nunca los vieron. ¿Qué sucedió?

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Nada, es simplemente una fase de McQueen. Si se analiza su estilo temporada por temporada se verá que llegó ya a un clímax de creatividad irreverente y, después de este viene una colección de reajuste. La pasada colección de McQueen no fue irreverente, pero sí concisa y a la vez variada. Esta vez se reajusta y aunque la forma primordial de los vestidos y la inspiración (el Darwinismo puesto a prueba en una selva) son algo distinto a lo que vemos en las semanas de la moda, podemos ver que falta 'algo'.

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Es probable que McQueen aún no haya superado ese chasco al perder YSL, pero su carrera ha alcanzado una altura que no tendría al estar atado a una casa de modas. No sabemos si pierda el rumbo de nuevo pero este 'reajuste' resulta un poco decepcionante para una mente tan prolífica y uan mano tan talentosa como McQueen